Primero, permítame definir el tema para que todos sepan de qué estamos hablando. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, lambón o lamoba (adj. y s. amer) Se dice de la persona delatora o de la muy aduladora: los lambones del director. (ver http://diccionarios.elmundo.es/diccionarios/cgi/lee_diccionario.html).
Muchos pensaban que la palabra formaba parte del nutrido grupo de pregones inventandos por los panameños, pero no es así. No se trata de un panameñismo, sino una palabra que significa lo mismo en todas parte del mundo y que sirve para señalar lo que ya hemos definido, pero, atreviéndonos a ampliar su significado, podemos decir que se trata de personas que "sapean" o van corriendo donde los altos mandos militares -si fuera el caso- para decirles sus desacuerdos al momento de ser disciplinados. Son sujetos que no pierden el tiempo en echarles polvo o arena a la gente en la cara por la velocidad con que salen corriendo a decir: "No estoy de acuerdo, ¿puedes hacer algo por mi?"
Afortunadamente, expertos en el comportamiento de personas que se desenvuelven tanto en ambientes de milicia como laborales, con mentalidad corporativa, saben cuando están al frente de un lambón. Su cara habla por ellos y no hay más nada que decir, pues forman parte de un grupo de personas que, si por ellos fuera, nunca se hubiera inventado el fuego porque todo lo vuelven un problema. Quizás hubieran dicho que eso de frotar los palos cansa y mejor que otro lo haga o una vaina así.
Convertirse en una bolsa de problemas no es saludable. Nunca hablará bien de usted si cada vez que se enfrenta en el trabajo saca dos problemas de su saco y los pone en una mesa diciendo: "Tengo problemas".
Le recomiendo que antes de presentar cualquier situación que podría afectarle, trate de buscarle usted mismo la salida o presénteselo a su jefe para buscar una opinión extra, pero no viva bajo un mar de problemas porque eso aburre.