Cuando el viento sopla, no hay manera de detener la furia de un incendio forestal. Esto fue lo que ocurrió con las 10 mil hectáreas repletas de herbazales que rodean el Puente de las Américas.
Aunque se presume que la causa de este incendio fue a consecuencia de la mano del hombre, no hay que descartar que en algunos casos éstos se originan por las altas temperaturas que se registra en países como Panamá. Ante esto, lo más sano es planificar para que no nos sorprendan más los incendios forestales.
La clave de todo es la planificación. Esta palabra la conocen muy bien la Autoridad Nacional del Ambiente, pues en diciembre del año pasado, junto a otras instituciones como la Asociación Agro-Ambientalista Guacamaya (ASAGAG) y la comunidad de Cañaveral de Penonomé, impulsaron un proyecto contra los incendios forestales, que incluyó la protección de la red hidrológica en el cerro Guacamaya, provincia de Coclé.
Ante la propensión a incendios en el área, el grupo ambientalista, la ANAM, la comunidad y otras autoridades locales formalizaron el proyecto que ha sido ejecutado en su mayoría.
El costo estimado para ese proyecto alcanzó los 30 mil balboas y contempló la construcción de puestos de vigilancia, miradores, cuatro kilómetros de senderos naturales, tres kilómetros de ronda corta fuego, la instalación de equipos de comunicación, equipos contra incendios, además de charlas y capacitación a toda la comunidad.
El humo y las llamas que se vieron desde muy lejos en la ciudad de Panamá causaron mucho susto entre los panameños que viven en esas áreas cercanas.
Se espera que este incendio sirva para que reorientemos nuestras políticas ambientalistas con el fin de saber qué hacer cuando se repita uno igual.