Confieso no haber visto la película... tampoco me he interesado por verla. Pero LA PASIÓN DE CRISTO ha resultado ser la más taquillera de las películas de estos últimos tiempos, pero, sólo eso, la más taquillera porque, que yo sepa, no ha servido para provocar el arrepentimiento ni la conversión de nadie -es posible que sí exista una que otra excepción.
Y como siempre he sostenido cuando de la fe se trata, la gente quiere signos, señales visibles que les haga creer, lo cual sabemos que eso no es tener fe. La Pasión de Cristo, según parece, es una de esas señales que la gente espera "ver" para creer, no para reforzar su fe, ni para arrepentirse y mucho menos para su conversión, sino para ser contadas entre aquellos que se "emocionaron" hasta el llanto cuando vieron la película.
Ahora, sin restarle méritos a la cinta, que se escucha que fue "bien hecha", siento mi deber enterar a mi público lector que en mis años mozos, fui monaguillo, sacristán y también uno de los protagonistas principales durante el desarrollo "en vivo" de la pasión de Cristo, en mi pueblo de crianza, San Francisco de La Caleta. Y aunque hoy día soy un cristiano más contemplativo que activo, en aquellos días tampoco sentía una "extraordinaria fe" que me conmoviera en extremo. Con esto quiero decir que a pesar de estar muy cerca, tan cerca como se puede estar en presencia de Nuestro Señor Jesucristo, y haber participado activamente en la simulación de Su Pasión, siento que ello ha sido suficiente para poner de relieve mi fe, una fe que no necesitó de accesorios técnico-fílmicos para conmoverme a las lágrimas o al llanto.
Por eso creo que La Pasión de Cristo, la película, es sólo eso... una película que colmó las taquillas por la curiosidad de averiguar qué tanto de verdad había en la promoción de la misma.