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Se preguntará usted ¿por qué llamar sagradas a las escuelas?. Pues bien, porque es allí en donde nuestros hijos, sobrinos y nietos, entre otros, asisten a educarse... participan casi todos los días en diversas actividades: piensan, copian, estudian y se hace parte de ellos. Es su escuelita.
La escuelita en donde a lo mejor nosotros, también estudiamos allí, ¿Acaso no podríamos llamarlas "Sagrados"... ¿para todos? ¡Definitivamente que sí! Y si esto es así no nos compete a todos cuidar y mantener en buenas condiciones a las escuelas primarias y secundarias, como parte de nuestra vida, ¡claro que sí!
Entre todos, debemos convertirnos en guardianes, defensores y amigos de nuestros colegios.. Con los impuestos que pagamos, se equipan las escuelas, con computadoras, sillas-pupitres, tableros, tizas, cartulinas, inodoros y muchos implementos más. De modo que debemos interesarnos, defender el buen y normal funcionamiento de los planteles educativos del país.
Es triste conocer de los hurtos y actos vandálicos en las escuelas, sin que los vecinos de estas estructuras, denuncien, acusen a los delincuentes que afectan a las instalaciones escolares. Es necesario el apoyo de las comunidades.
En algunos sectores de la nación existen personas, padres de familias que cuidan los templos sagrados, porque son conscientes del beneficio, cuidado y respeto que conllevan. A este esfuerzo debemos unirnos, involucrarnos los ciudadanos. Cada vez que un centro escolar es vandalizado, todos perdemos como sociedad, porque todos aportamos directa o indirectamente para la buena marcha de las escuelas.
Los hurtos provocan que nuevamente tengamos que invertir en la compra de más elementos educativos, lo cual nos sume en un círculo vicioso, pero del cual debemos salirnos.
¡Tú y yo! Debemos ayudar, mancomunadamente a que nuestras escuelas, primarias y secundarias, no estén huérfanas del amor y respeto que todos debemos profesarle.
Organicémonos para que no continúen las afecciones contra los Templos Sagrados; padres de familias, docentes y estudiantes, todos podemos detener este mal que parece volverse crónico. |