Anúnciese en Crítica en Línea


  OPINION

COMENTARIO
Domingo de Pascua de Resurrección

linea
Tomás Ernesto Díaz Villa

El Domingo de Pascua de Resurrección es el día verdaderamente grande y esplendoroso de la Iglesia de Dios. La idea del triunfo de Cristo sobre sus enemigos lo llena todo. Todos los textos del rezo litúrgico y de la misa son gritos de victoria, reforzados por repetidos y jubilosos aleluyas.

Esta Pascua es como la primavera de las almas, en ella se renueva todo, y, sobre todo, se robustecen la fe, la esperanza y la caridad.

La Resurrección de Jesucristo debe señalar para todo buen cristiano una época de renovación espiritual: ideas nuevas, obras nuevas, anhelos nuevos y puros, alejando rencillas, viejos vicios, viejas e inveteradas miras personales, para revestirse del espíritu de Cristo.

Jesús, al resucitar por su propia virtud, prueba con un argumento contundente ser Dios, y así vence al demonio, a la muerte y al pecado, y vuelve abrirnos a nosotros las puertas del Cielo, que nos habían sido cerradas en castigo del pecado.

Jesús, Redentor del Mundo, efectivamente, es nuestra Pascua, es decir, nuestro "tránsito", ya que, por su inmolación, ha hecho pasar a la humanidad del Antiguo y Nuevo Testamentos, de la vieja a la nueva levadura, inaugurando un reino de amor y de inocencia.

La resurrección del Mesías es un hecho indubitable, el hecho más plenamente demostrado de la historia. El alma de Jesús se separa de su cuerpo, muriendo voluntariamente y batió el limbo en seguida, y permaneció allí hasta el momento de su resurrección. En el ínterin, su cuerpo estuvo en el sepulcro unido a su divinidad, y cuando llegó el momento, el alma del Cordero de Dios volvió al cuerpo, y éste revivió inmortal e impasible, con las dotes propias de los cuerpos glorificados.

Tal es el hecho de la resurrección, y con ser él tan cierto y tan probado, ninguno ha sido tan impugnado por los enemigos de la Iglesia.

Ello se explica por ser este dogma el que garantiza nuestra fe, pues como dice San Pablo, "si Cristo no resucitó vana es nuestra fe".

Y por eso Dios, como si todavía no fuese bastante la claridad meridiana de las narraciones evangélicas para demostrar el hecho, ha sumado al testimonio de la historia el testimonio de dieciséis millones de mártires que han dado su vida por la misma verdad y el de innumerables millones de cristianos que han vivido por lo mismo una vida heroica.

El onceno artículo del "Credo" reza así: "Creo en la resurrección de la carne". Esta resurrección tendrá lugar el último día del mundo, tanto para los buenos como para los malos.

Porque este cuerpo que llevamos, tan frágil ahora y tan caduco, tan sujeto a enfermedades de toda clase y a continuas molestias, y que, después de la muerte, será pasto de los gusanos, al fin del mundo, cuando todos los muertos, obedeciendo el llamamiento de Jesucristo, juez soberano, resuciten para ser juzgados, él también volverá a la vida.

De esta suerte todos sin excepción comparecerán en cuerpo y alma ante el Tribunal de Cristo, para recibir cada uno la justa paga del bien o del mal que hubiere hecho en vida.

"Resucitarán, en verdad, los que practicaron el bien para la resurrección de la vida, y los que obraron el mal para la resurrección del juicio y para el suplicio eterno".

Armado de esta fe, el hombre paciente y virtuoso se consuela en sus mayores desgracias y prudente en verdad, sujeta su cuerpo a la ley de Dios, para conservarlo puro y digno de la feliz inmortalidad.

 

volver arriba 

 


linea

NUESTROS ANUNCIANTES


| Primera Plana | Portada | Nacionales | Opinión | Económicas | Mundo |
| Deportes | Provincias | Variedades | Sucesos | Sociales | Ediciones Anteriores |
| Buscador de Noticias | Clasificados Epasa |



bandera de Panama
Ciudad de Panamá
Copyright © 1995-2001 Crítica en Línea-EPASA
Todos los Derechos Reservados