El domingo es un día único y especial para todos los que profesamos la fe en Dios y en su hijo Jesucristo, pues es el día en que Él ha vencido a la muerte y resucita después de ser crucificado por nuestros pecados.
A esta fiesta se le llama Pascua, y en Estados Unidos -al igual que en países gélidos como Alemania, Italia y Francia- se celebra de una manera particular y muy colorida, con los famosos huevos de Pascua, que en algunas ocasiones traen regalos dentro.
Aunque la tradición de los huevos no es propia de Panamá, fue traída por los norteamericanos radicados en la ex zona canalera y ahora algunos panameños también la practican. Podemos encontrar, además de los famosos huevos, canastas, platos, conejitos y todo lo que uno se pueda imaginar para celebrar esta fecha. Hasta puede hacer una fiesta con este motivo.
LA HISTORIA
Este simpático personaje tiene sus orígenes en Europa. Originalmente era una liebre y el símbolo de la Pascua para los alemanes, que llegaron al continente americano en el Siglo 18. Según esta creencia, la liebre blanca dejaba huevos de colores brillantes para los niños buenos en la mañana de Pascua de Resurrección.
En Estados Unidos -un siglo después- se cambia la liebre por el conejo, que con canastas de huevos, chocolates y regalos es el deleite de los más pequeños.
También hay otra historia que cuenta que cuando metieron a Jesús al sepulcro, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.
El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía preguntándose, quién sería ese Señor a quien querían tanto.
Pasó todo un día y toda una noche observándolo, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva.
El animal comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes, porque Jesús había resucitado.
Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo.