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Llega Semana Santa y al igual que en los carnavales, miles son los capitalinos que acomodan sus enseres y se enfilan en una caravana automovilística hacia diferentes puntos del interior del país, para convivir con los suyos durante estos días de recogimiento espiritual.
Muchas son las manifestaciones culturales y religiosas que ofrecen los pueblos de interior de la República como es el caso de los pueblos de la región de Pedasí en la provincia de Los Santos, específicamente el pueblo de Purio, en el cual se realiza un éxodo masivo de sus pobladores cerca de un mes antes de la semana mayor a sus playas, para convivir allí durante todo este tiempo.
Una vez llegada la Semana Santa, el pueblo se prepara para celebrar la fe católica, que incluso obliga a que el servicio religioso se ofrezca en la playa.
Y lo mismo ocurre en el vecino pueblecito de Mariabé, en donde los visitantes llegan a granel a disfrutar del ambiente tranquilo que ofrece el lugar.
PESE, LA PASION EN VIVO QUE HA HECHO HISTORIA
Con más de medio siglo de tradición, en el pueblo de Pesé, en la provincia de Herrera, se verifica una de las dramatizaciones en vivo, de la pasión de Jesús, más llamativa de toda la República. Sus lugareños recuerdan como hace más de cinco décadas, que el padre Angulo inició esta tradición que ha ganado respeto por la calidad de la presentación. Como dato curioso, uno de los que realizó el papel de Jesús, entre sus pobladores, fue el reconocido Angel del acordeón, Chalino Nieto.
LA PROCESIONES
Nunca han de faltar las procesiones que se verifican en cada uno de los pueblos del interior, por más pequeño que sea, siempre habrá una procesión, para lo que el pueblo se prepara. Hermosas andas decoradas con flores naturales y alumbradas, se pasean por las calles de nuestro interior, mostrando la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
COSAS QUE RECORDAR DE SEMANA SANTA
Y qué decir de la gran cantidad de historias mitológicas y fantásticas que nos dejaron como herencias los abuelos en donde claramente se buscaban que sus retoños respetaran las cosas de Dios. Que si te bañabas el Vienes Santo, te convertías en pescado; que si te subías a un árbol, te volvías mono y que cada, Viernes Santo nuestras madres al amanecer nos azotaban, simbólicamente, con un rejo de calabazo, con la intención de que el resto del año fuéramos respetuosos y bien portados. Todo eso ya se fue, pero quienes lo vivieron sabrán del agradable sabor de esos recuerdos; de un pasado en donde la ignorancia sabia de nuestros ancestros, se manifestaba para formar gente de bien. |