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El presidente del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cumplió ayer sus primeros cien días de gobierno respaldado por el 80% de los brasileños, con tendencias favorables en los principales indicadores económicos y elogiado por dirigentes mundiales y por las autoridades de los principales organismos financieros multilaterales.
Orientado prioritariamente hacia los gigantescos problemas sociales del Brasil, con una fuerte apuesta a la eliminación del hambre, la miseria y el analfabetismo, el mandatario brasileño da sus primeros pasos con un ojo puesto en el sistema financiero internacional, cuya buena voluntad considera fundamental para el éxito de su proyecto social.
Mientras sus ministros se esfuerzan por poner en marcha los principales planes políticos del gobierno, los indicadores económicos sonríen al nuevo mandatario brasileño.
El riesgo país medido por el Banco JP Morgan, que había superado los 2.300 puntos centesimales cuando la victoria de Lula en los comicios de octubre se tornó previsible, cayó vertiginosamente y ya está por debajo de los mil puntos, mientras el dólar cae sin cesar y los inversionistas empiezan a creer que al final no era tan temible un gobierno izquierdista en el Brasil.
CUENTAS PENDIENTES
Pero en cien días de gobierno, el proyecto-emblema de Lula, el programa Hambre Cero, no logró salir del papel a pesar del empeño del presidente, debido a problemas burocráticos, a trabas legales insoslayables y a la falta de experiencia de sus organizadores.
El presidente Lula ya reconoció que no era todo tan fácil como había pensado en llano y previó que le quedará mucho por hacer al cabo de sus cuatro años de gobierno. |