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La caída de la estatua del presidente iraquí Saddam Hussein en Bagdad dio un fuerte impulso a las esperanzas del mandatario estadounidense George W. Bush de ser reelecto en las elecciones de 2004.
George W. Bush seguramente debe tener en mente el pasado de su padre al considerar su candidatura para un nuevo mandato de cuatro años, aún si sus allegados no se cansan de repetir que el mandatario estadounidense no busca ningún crédito político en esta guerra.
Una victoria en Irak "tiene potencialmente un peso mucho mayor para el presidente actual del que tuvo para su padre", afirmó Stephen Hess, especialista político del centro de análisis Brookings Institution.
Según Hess, los buenos resultados que obtuvo el partido republicano en las elecciones de medio mandato de noviembre de 2002 no fueron si no una muestra de que la seguridad nacional se ha convertido en una de las principales prioridades de los electores, quienes la sitúan a la par que la economía.
Sondeos recientes muestran que cerca de siete de cada diez estadounidenses aprueba la gestión de Bush al frente de la Casa Blanca. Pero la aprobación fue muy inferior cuando se les preguntó si creían que el mandatario hacía algo para revitalizar la economía. |