viernes 10 de abril de 2009

 

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Juicio contra Cristo fue una farsa
Más de 2,000 años después de la crucifixión de Jesús, el abogado especialista en Derecho Procesal y ex ministro Candelario Santana analizó el proceso al que fue sometido el Hijo de Dios y concluyó en que todo fue una farsa.

Aet Elisa Tejera C. | Crítica en Línea

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Hoy se conmemora la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se realiza el ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio.

Para Santana, el enjuiciamiento de Jesús de Nazareth se realizó bajo un conflicto de jurisdicciones con influencias político-religiosas y el sometimiento a la competencia imperial por mandato de conquista y dominio.

Basándose en los Evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, y en otras fuentes de origen cristiano, el experto en Derecho Procesal asegura que en el juicio a Cristo hubo vicios de nulidad, se afectó el debido proceso y el derecho a la defensa.

Con más de 30 años de experiencia en Derecho, Santana explica que en este juicio los actores procesales se distinguen, entre el Tribunal Primario, cuyos integrantes funcionan con el doble papel de acusadores y jueces, y el sindicado Jesús, oriundo de Nazaret, en Galilea.

El Sanedrín o Tribunal Supremo, reunido de manera improvisada en la casa de Caifás (sumo sacerdote), realizó una audiencia oral, sin pruebas previas recabadas en una fase de investigación, en donde su suegro Anás, en ese momento Pontífice, junto a los ancianos, escribas y príncipes de los sacerdotes, debían constituirse en un tribunal de 71 miembros, cuyo quórum no aparece plenamente comprobado.

Según Santana, a quien le tomó más de un mes realizar esta investigación, el principio de imparcialidad se vio duramente afectado en la audiencia por la condición que asumían los "Jueces" o miembros del Sanedrín, al actuar algunos de ellos como acusadores. Los cargos iniciales e informales contra Jesús se pueden resumir en:

Violación de la Ley de Moisés, especialmente por haber sanado en sábado y por su contacto directo con los impuros (hombres y mujeres enfermos, leprosos y de poca estima para la sociedad de la época).

La afectación del poder omnímodo de los pater familias (padre de familia) de las tribus; al cuestionar su capacidad para disponer sobre las personas y las cosas de manera absolutista.

Difamar el templo y atentar contra los mercaderes por haber dicho que lo destruiría y reconstruiría en pocos días y sacar a los vendedores (fariseos) de la casa de Dios.

Atentar contra el poder de los sumos sacerdotes y sus conocimientos de la Ley al interpretar la palabra de Dios y de los profetas con posterioridad surgen otros cargos que le permiten a dicho Consejo el encausamiento, con base en una tipicidad político-religiosa.

Además, según el jurista panameño, la defensa técnica no estuvo formalmente constituida, "prácticamente no existió, a pesar del intento aislado de Nicodemus, por desempeñar esta función". Ante la ausencia de un material probatorio eficaz, debido a lo deficitario de la prueba testimonial, el Sumo Sacerdote optó por interrogar al Nazareno y procurarse una "confesión" bajo un nuevo cargo: El de adjudicarse el título de Hijo de Dios, por ello le pregunta: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios, a lo que Jesús contesta: Tú lo has dicho y además os dijo, que desde ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder de Dios y viniendo en las nubes del Cielo". Esta declaración convierte al encuestado en reo de muerte, por considerarla los "Jueces Acusadores" una blasfemia.

Destacó que el proceso se inició en horas de la noche, lo cual inhabilitaba el término, toda vez que era contrario a la ley producir una sentencia con efectos de muerte en horas nocturnas, lo que obliga al Tribunal a repetir el trámite en horas de la mañana, y al carecer de competencia en ese tipo de condena, refieren al imputado ante el Procurador Romano, Poncio Pilatos, quien lo interroga en el Pretorio ubicado en la Torre Antonia, ordenando, a pesar de su inocencia, azotar al reo.

No conforme con el castigo de Pilatos, los escribas, ancianos y Sumos Sacerdotes recurren a un último cargo infame, de naturaleza política acusando a Jesús de ser un Agitador nacionalista y un rebelde contra la autoridad romana, situación esta que carecía de todo tipo de prueba, no obstante, en uno de los actos de mayor cobardía que conoce la historia, el Procónsul de Tiberio ordena la crucifixión de Jesús, convalidando con ello la decisión funesta del Sanedrín.

 

 

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