Siendo aún joven, trabajé en la primera cuadrilla de topografía enviada por el Instituto Geográfico Nacional Tommy Guardia a levantar los estudios de la carretera El Llano- Cartí, una experiencia inolvidable debido a lo agreste y deslumbrante que resultan los parajes montañosos en la Cordillera Central.
Junto a algunos técnicos, expertos en los menesteres de la topografía entre los que recuerdo a los agrimensores Marcelino Lasso, Ricaurte (El Gato) Rivera, Chicho Recuero y a un grupo de peones del área, emprendimos el recorrido en un jeef doble tracción partiendo desde la comunidad de El Llano de Chepo hacia la costa en San Blas.
A medida que escalábamos la Cordillera, el clima, la vegetación y la fauna en las alturas se tornaban diferentes a las de las tierras bajas del Istmo de Panamá. En los puntos más altos de la zona montañosa llueve en pleno verano y la nubosidad se pede ver a baja altura a cualquier hora del día.
De aquellas tardes me parece escuchar todavía las bandadas de pericos y guacamayas entonando sus cantos bullangueros sobre gigantescos árboles centenarios, casi hasta el anochecer.
Después de varios meses de recorrido, con los tractores avanzando detrás de la cuadrilla, arribamos al río Cartí y por último llegamos a la costa Atlántica.
Supe un día que el proyecto de unir la comarca indígena por carretera había sido cancelado, desconocía por cuáles razones, pero ahora me entero de que fue reiniciado y está casi por concluir.
Me satisface la noticia por los indígenas, ya que ahora podrán comunicarse con el resto del país por tierra, pero me quedan dudas sobre el impacto que tendrá dicha obra en los aspectos ambiental, ecológico, cultural, de seguridad, etc., sobre una región que estuvo siempre alejada del resto de la geografía nacional y un tanto vedado su ingreso a los demás pobladores de la República.