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Un anciano nicaragüense que regresaba a su hogar después de dejarlo para aprovechar una oferta de trabajo, se llevó un susto "mortal" al retornar tras cuatro días, pues comprobó que su familia se preparaba para "enterrarlo", informó el telediario "Multinoticias" del Canal 4.
La historia la protagonizó César Augusto Aguilera, de 60 años, en la ciudad de Tipitapa, a 26 kilómetros al norte de Managua, quien el pasado viernes salió una vez más de su hogar en busca de empleo y un amigo le propuso intempestivamente trabajar en una finca cercana.
Según el relato de Multinoticias, Aguilera ante la escasez de una fuente de ingresos, como el 53 por ciento de los nicaragüenses, no lo pensó dos veces y siguió a su amigo a trabajar en el campo sin avisar a su familia de su nueva ocupación.
La esposa de Aguilera, Alba Santos, y sus dos hijos comenzaron la búsqueda preocupados por la "desaparición" del jefe de familia, y se dirigieron al hospital de Tipitapa, luego a los de Managua, y hasta denunciaron el hecho ante la Policía nicaragüense.
Fue en un departamento de la Policía, que un agente informó a uno de los hijos del "desaparecido", de la existencia de un cadáver en el Instituto de Medicina Legal (forense) de Managua, y le propuso lo visitara para comprobar si éste era su padre.
A juicio del hijo de Aguilera, el cadáver en el hospital forense tenía mucha similitud con los rasgos físicos, especialmente faciales de su padre, y convencido que era éste, hizo los trámites para que le permitieran darle "cristiana sepultura".
Debido a que son una familia humilde, la "viuda" de Aguilera solicitó un ataúd al crédito, así como el café y galletas que se acostumbran a regalar a los asistentes a la "vela" del muerto convencidos de que su esposo y padre había muerto por causa desconocida.
El martes, una vez concluido el trabajo temporal de su amigo, el anciano regresó a su hogar en Tipitapa y le extrañó la forma en que le miraban sus vecinos, hasta que uno de éstos se animó y le gritó: "apure el paso don César Augusto, que ya lo van a enterrar".
El supuesto fallecido cuando llegó a su casa generó asombro entre sus vecinos y familiares, quienes llenos de miedo preguntaban "si era de ésta o la otra (vida)" a lo que en forma serena les decía que "de ésta", mientras su esposa e hijos lloraban.
Pero el asunto no finalizó ahí, la familia de Aguilera creyó que lo apropiado del caso era darle sepultura al desconocido, a lo que se opuso la Policía nicaragüense.
Los oficiales exigieron a la familia Aguilera que debían devolver el cadáver del desconocido al Instituto de Medicina Legal, porque al igual que ellos, sus verdaderos familiares pueden llegar a buscarlo y darle sepultura.
Al final, los Aguilera debieron contraer nuevas deudas para pagar el transporte hasta Managua del cuerpo del desconocido que creyeron su esposo y padre hasta Managua, además de perder lo que invirtieron en su "vela". |