El tema no es nuevo, pero ese día el comentarista radial lo puso sobre el tapete. Señaló que había visto unas diez personas vendiendo en los semáforos de la Tumba Muerto y otras vías, CD y DVD "pirateados".
Lo hacían con impunidad, sin que nadie los arrestara por esta actividad que viola los derechos de autor.
Es más, indicó que por allí vio a un radio patrulla que no trató de hacer respetar la ley.
Su planteamiento es correcto. Muchas personas han señalado esa realidad, que no solamente ocurre en Panamá sino en otros países.
Hay campañas en los cines y la televisión contra la compra de películas "pirateadas". Es un delito que representa pérdida de centenares de millones para los autores.
Esperando recibir llamadas de sus oyentes en ese sentido, abrió los teléfonos. De inmediato llegaron las llamadas... ¡pero muchas eran a favor de los vendedores de artículos pirateados!
Noté cierta sorpresa en Norberto Testa, un comentarista que trata de balancear sus observaciones y darle una orientación ética y de valores a su programa.
Iba en mi automóvil y anoté en mi mente las razones que daban algunas personas a favor de estos vendedores.
"Es mejor que vendan discos pirateados a que estén asaltando a la gente o los mini-super", indicó un oyente muy convencido de su argumento.
"Ellos son panameños que no tienen un empleo y se están ganando la vida para llevarle algo de comer a sus hijos", dijo otro.
Se habló sobre aquellos delincuentes que se roban millones y no van a la cárcel o les dan flojas medidas cautelares.
También se indicó la falla del gobierno en darle empleos a los jóvenes, especialmente aquellos de origen humilde.
Claro que el comentarista señaló lo negativo de esta acción. Añadió que podrían hacer otra actividad que fuera honesta y les proporcionara un ingreso.
Lamentablemente llegué a mi destino. No pude seguir escuchando la llamada "voz del pueblo", que no se fue en contra de los vendedores de discos "pirateados" en los semáforos, a pesar de aceptar que es algo ilegal.
Como sociólogo me he quedado pensando en el surgimiento de una "sub-cultura" de la ilegalidad en Panamá.
Esa realidad se manifiesta en un país lleno de riquezas, con rascacielos millonarios, pero con más de la tercera parte de su gente viviendo en la pobreza.
Hay una mala distribución de la riqueza, sin lugar a dudas. Añada la impunidad de los llamados "delincuentes de cuello blanco".
Allí tendrá la explicación de la aceptación de la comisión de ese delito en Panamá.