Los recientes decomisos de cocaína revelan que los carteles de Colombia y México mantienen células que operan en Panamá, para enviar a Estados Unidos y Europa los cargamentos de droga que traen desde tierras colombianas.
El sistema de células permite compartimentar las diversas operaciones del tráfico de narcóticos y evita que en caso de incautarse un cargamento, las autoridades lleguen hasta los cabecillas responsables de las actividades ilícitas.
En cinco meses se han incautado más de seis toneladas de cocaína, eso refleja el nivel de las operaciones de esas organizaciones criminales. En un allanamiento realizado esta semana se capturaron 2, 000 kilos de cocaína.
Los carteles alquilan hangares e instalan industrias de fachada para embalar de manera ingeniosa la cocaína, con el propósito de que las autoridades no pueden detectar los embarques de droga.
La cocaína ingresa a Panamá en lanchas rápidas o avionetas. En nuestro país existen locales que sirven para el almacenaje y preparar los alijos que serán reexportados.
Por contar con una amplia costa, es difícil controlar el ingreso de embarcaciones del narcotráfico en Panamá. Además el Servicio Aéreo y el Marítimo tienen limitaciones de equipo y combustible para desarrollar una labor efectiva de vigilancia en las costas.
¿Qué hacer?. El primer paso sería mantener la lucha frontal contra ese flagelo y luego dotar de equipo a las instituciones encargadas de la represión, para evitar que nuestra zona costera se convierta en un coladero por donde los narcotraficantes hacen lo que quieran cuando quieran.
No hay que bajar la guardia frente a una actividad que mueve millones de dólares y tiene la capacidad de corromper a todas las instancias de la sociedad.