El pueblo que antepone la conducta liviana preñada de hábitos desdeñables, lesiona insolentemente la tranquilidad social, asociándola de costumbres licenciosas que afectan y maltratan la ética y la moral. Para donde miremos observamos dolorosamente las acciones del lenguaje despotricado que dimana de la conducta enfermiza en completa picada hacia lo delictivo. O es que muchos piensan que cometiendo actos impíos y sin decoro ello constituye un galardón, garante del cual podemos sentirnos orgullosos en conducción brillante del carro arrollador de la insolencia.
Con este comportamiento detestable nos quedaremos en la mitad del océano con las velas y sin timón a merced del viento huracanado, bajo los azotes del oleaje enfurecido. ¡En este negocio no contamos con ninguna garantía!. No es materia fácil para un muchacho que viene de un hogar manclenco económicamente cuyos padres laboran, sobreponerse al cañoneo constante de toda una sarta de elementos negativos ambientales que proceden en su contra. El hambre los hará cambiar sin condiciones. Los niños a temprana edad caen pervertidos en el engaño y el mal ejemplo, estrangulando lo poco que los conjuntos sociales les pueden ofrecer. La sociedad se comporta como el tejido hematológico en el cuerpo cuyos hematíes serán saludables en respuesta a la balanceada alimentación obtenida, esmerada y responsable o menguada, obrando como catalizador, ofreciendo los posibles resultados, en nuestro caso, los hábitos, habilidades y actitudes que en referencia debilitarán o enriquecerán la estructura social. Y son más los que se van de bruces a lo profundo del abismo que los que se mantienen erguidos cuidando las sombras de los deseos positivos.
Tiene mucho de saludable tomar el amplio y limpio camino de la redención espiritual, donde el amor, sea la semilla de toda virtud. Las sensiblerías, jamás podrán borrar el dolor con el olvido y es preciso engrandecerse y dignificarse con la esperanza que abrigamos honrando los años venideros.