Los combates de ayer entre la milicia "Ejército del Mahdi", del clérigo chií Muqtada al Sadr, y el Ejército iraquí en Basora, los más duros en los últimos meses, han causado al menos 30 muertos y muestran que el sur de Irak está aún lejos de la estabilidad.
La ofensiva, iniciada a última hora de ayer, ordenada por el Gobierno del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, contra los seguidores de Sadr ha derivado en una escalada de la violencia en Basora, que culminó con las amenazas del Ejército del Mahdi de que incendiarán pozos petrolíferos si no se detiene la campaña.
Maliki ordenó el ataque tras presidir una reunión con responsables militares y policiales, en la que no estuvo presente el gobernador de la localidad, al parecer en desacuerdo con el primer ministro.
"El gobierno está resuelto a restablecer la seguridad y la estabilidad en la ciudad y a imponer la ley frente a la presión contra su seguridad", explicó Maliki en un comunicado leído en la televisión estatal iraquí.