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Las asociaciones de los empleados públicos deben ser revisadas y reestructuradas, porque responden a una época superada en nuestro país.
Las asociaciones de antes de 1968 fueron importantes grupos de interés social, que lograron a plenitud cumplir sus objetivos en el bienestar de los empleados de las distintas instituciones.
Posteriormente a 1968, respondieron a una concepción política de sostenimiento del régimen castrense y posteriormente, se convirtieron en patrimonio político electoral de un partido.
Hoy, las asociaciones es muy poco lo que representan para los empleados sin objetivos ni metas definidas, se convierten en un beneficio para una "rosca" permanente y se ponen al servicio de la administración en los respectivos entes gubernamentales.
Los empleados pagan cuotas que nunca se sabe qué se hace con ellas, porque inclusive se llegan a jubilar y nunca les toca un real de lo que han ahorrado, los préstamos se realizan con grupitos o compinches y por ahí logran algunos aparecer, asumiendo representaciones que no las tiene popularmente.
El gobierno debe instruir a la Contraloría para que haga una revisión y auditoría a todas ellas, porque todas tienen su historia, donde sus miembros se quejan del manejo de los fondos de manera inapropiada.
Hay que conceptualizar en esta nueva época sobre sus funciones y el papel que deben jugar porque hoy no lo están cumpliendo ante la impotencia de sus asociados, quienes terminan por renunciar en muchos casos, quedando como menos cascarones en la vida gubernamental. |