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Con el desempleo a la orden del día, y con lo cara que cada vez más se pone la vida, existe un grupo de panameños indolentes y sin conciencia que no cuidan su trabajo. A pesar de la crisis y la dura situación social, se pavean, abandonan su puesto inexplicablemente, no rinden, se distraen, salen antes de la hora, llegan tarde y mal utilizan los recursos que, en ocasiones, hasta se llevan para su casa sin excusa.
Esto para mencionar solo algunas anomalías. Se puede llegar a la conclusión que al panameño no le gusta trabajar o, peor aún, que le interesa muy poco su bienestar y el de su familia. Así las cosas se hace urgente, por parte de la empresa privada y el gobierno, el inicio de acciones para madurar la conciencia de los trabajadores quienes, en Panamá, está más acostumbrados a pedir (¡más bien exigir!) buenas condiciones laborales, sin estar dispuestos a superar las expectativas de rendimiento por el bien de la empresa donde labora y el país.
Hay que tomar los ejemplos de otras naciones donde se es más productivo y rendidor, y donde se aprecia mucho una ocupación. En Panamá hemos estado muy acostumbrados a las cosas fáciles, y no hemos aprendido a valorar el trabajo.
Es la hora de un cambio para el bien de la nación. Claro que esto involucra a los empresarios, quienes también deben estar dispuestos a pagar mejor a sus empleados, siempre y cuando la producción aumente y mejore en calidad. |