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Caca de 200 mil panameños va al río Chagres

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Jean Marcel Chéry
Crítica en Línea

Más de 200 mil panameños celebrarán hoy el "Día Internacional del Agua", depositando sus heces en los ríos que abastecen al Chagres, que es la principal fuente del vital líquido para las plantas potabilizadoras del IDAAN y el Canal de Panamá. No se trata de una excéntrica celebración, sino de la cotidiana acción de los residentes del llamado "Eje de la Transístmica".

Una investigación preparada por el Instituto Smithsonian, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) descubrió que los residuos fecales de los residentes de las áreas cercanas a la carretera Transístmica llegan a los ríos Chilibre y Chilibrillo sin ningún tipo de tratamiento. De allí bajan al Chagres, luego a las potabilizadoras y finalmente a los grifos del 80% de la población urbana e industrial del país.

De esa forma, también llegan al Chagres aguas residuales provenientes de empresas porcinas y avícolas, reveló el estudio denominado "Proyecto de Monitoreo de los Recursos Naturales de la Cuenca del Canal de Panamá", realizado por unos 30 investigadores de las ciencias naturales y sociales entre 1996 y 1999.

Esta situación ha provocado que la calidad del agua de los ríos ubicados en la Cuenca del Canal estén 60 veces más contaminados que hace 25 años, lo que podría obligar a que, en menos de 10 años, los panameños gasten B/.5.00 diarios para obtener un galón de agua purificada que pueda beberse. Actualmente la tarifa por el suministro de agua potable es de un centésimo por 13 galones del líquido.

El investigador Stanley Heckadon, editor de la publicación "Cuenca del Canal: deforestación, contaminación y urbanización", que contiene los resultados de la investigación, dijo que una de las causas de la contaminación son las oleadas migratorias hacia las cercanías de la Cuenca del Canal, específicamente a las orillas de la carretera Transístmica, que conecta las ciudades de Panamá y Colón.

De 1950 a 1990, la población se disparó en el "Eje de la Transístmica" de 20 mil a 113 mil personas. Actualmente, se calcula en unas 200 mil personas. La primera oleada de poblamiento la hicieron familias desplazadas que habitaron el área a principios del siglo XX. La segunda fue después de la Segunda Guerra Mundial y estuvo compuesta por inmigrantes campesinos del interior, indígenas emberá, procedentes del río Bayano, del Darién, e incluso del Chocó colombiano, detalló el documento.

La tercera oleada obedeció al crecimiento vegetativo de la misma población de la Cuenca y al intenso desplazamiento de familias de bajos ingresos provenientes de las ciudades de Colón y Panamá, las cuales buscaban tierras baratas para sus viviendas y cercanías a puestos de trabajo.

Heckadon dijo que el otro factor determinante en el aumento de la contaminación es la industrialización galopante en el área. En 1950 existía en el llamado "Eje de la Transístmica" una sola fábrica; ahora, hay más de 300, incluyendo porquerizas, empresas avícolas, fábricas de papel, de plásticos, detergentes, de mosaicos, bloques y de baterías, al igual que procesadoras y fundidoras de metal, además proliferan los talleres de mecánica.

Como si fuera poco, "una de las actividades mineras más intensas de Panamá se concentra en la Cuenca, sobre todo cerca de la Transístmica, incluyendo las dos únicas plantas de cemento del país", apuntó el estudio. De allí proviene el grueso de la materia prima usada por la industria de la construcción de Panamá y Colón.

Heckadon dijo que mucho de los desechos y residuos de las operaciones industriales también van a parar a los ríos cercanos. "Hay ríos que ya no pueden usarse, ni siquiera para fines recreativos, pues sus aguas ocasionan escozor a los bañistas", detalló la investigación.

El dilema es que esta intensa urbanización e industrialización no ha sido acompañada de la instalación de sistemas de recolección y disposición de basura, tampoco de proyectos de reciclaje de desechos, ni de tratamientos de aguas servidas.

No obstante, Heckadon reconoció que la calidad del agua actual "todavía es buena", pero advirtió que es necesario adoptar las medidas para detener el deterioro del agua, estableciendo plantas de tratamiento de aguas servidas en cada urbanización e industria.

Tenemos la mejor agua del mundo, calificada como "el champán de los panameños", y como hemos gozado por años ese lujo, no nos damos cuenta que pronto tendremos que gastar una fortuna para comprarla.

 

 

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Tenemos la mejor agua del mundo, calificada como "el champán de los panameños", y como hemos gozado por años ese lujo, no nos damos cuenta que pronto tendremos que gastar una fortuna para comprarla.

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