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EDITORIAL
Las solicitudes de empleo y la gobernabilidad
Son miles los egresados de diferentes colegios secundarios los que van con muchas ilusiones a instituciones públicas y empresas privadas en busca de trabajo para así labrarse un porvenir. Esta vez, maduras las ilusiones, los aspirantes a esas plazas de empleos tendrán que tropezar con el desencanto de las negativas y los escollos que se les ponen para ocupar vacantes. En Panamá, poco o ningún valor tienen las solicitudes de empleo, a menos que vengan respaldadas por una recomendación política. Todos los años se ven en los despachos públicos miles de estas solicitudes que no fructifican porque los Jefes de Personal no acceden a dar el empleo si no es con el visto bueno del jefe de turno o del cacique político. Por lo tanto, la solicitud de empleo ha dejado de ser algo de valor en oficinas públicas y privadas. En la enmarañada burocracia que distingue al Estado panameño sigue habiendo resistencia para agilizar los nombramientos. Incluso, no se respeta la Carrera Administrativa y se dan despidos masivos por sobre lo que dictan las leyes al respecto. Igual ocurre con los nombramientos con que son favorecidas personas sin idoneidad pero que cuentan con el aval de un ministro o jefe de partido. Por otra parte, el gobierno le exige a la empresa privada cumplir las disposiciones del Código del Trabajo, pero este mismo gobierno no las cumple, sobre todo cuando despide funcionarios de antigüedad. En nuestro país se ha arraigado el concepto del espacio político y hay funcionarios que se aferran a esta figura que no debiera existir en la legislación laboral. Por lo tanto, los formularios de empleo y los espacios políticos están deteriorando la administración pública cuyo rasgo saliente es la enojosa burocracia que no deja avanzar al país. Confiamos en que algún día el Estado se sabrá sacudir de las coimas, comisiones por contrato, favores políticos y el acoso de jefes a subalternos y viceversa, para poder alcanzar metas de prosperidad. El estado aún está empantanado porque mantiene intactas las mismas estructuras para gobernar, lo que no le garantiza una calidad de vida al panameño por la incertidumbre de su existencia, ya que el ciudadano común y corriente es un asalariado por antonomasia y depende de esos escuálidos recursos para su subsistencia, ya que en Panamá no se vive sino que se subsiste. Poco a poco va muriendo la ilusión de que al iniciarse este tercer milenio de la era cristiana transitaríamos por senderos de progreso y bienestar. El torguismo de que hace gala el gobierno impacta en los ciudadanos que ven con desesperanza negros nubarrones en el horizonte de la patria. Las promesas electorales sólo fueron eso: promesas que se llevó el viento. Mientras el gobierno insiste en gastar el Fondo Fiduciario como si fuera una prioridad, se va postergando la acción en otros niveles, una experiencia frustrante que no contribuye a la gobernabilidad anhelada.
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PUNTO CRITICO |
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