En el béisbol la frase memorable del miembro del salón de la Fama, Yogi Berra, se hace cada día más certera: El juego no se acaba, hasta que no se termina".
Eso es lo que realmente ha pasado en el Clásico Mundial, donde el país que inventó, reglamentó y popularizó el gran juego, acaba de ser eliminado de las finales tras ser derrotados por sus vecinos mexicanos. Ha sido una derrota humillante para Estados Unidos y para su flamante béisbol de las Grandes Ligas. Los estadounidenses llegaron al Clásico organizado por ellos mismos como súper-favoritos, lo que nunca demostraron en el terreno de juegos.
Hace tres años, en el pre-olímpico de Panamá, fueron los mismos mexicanos los que eliminaron a Estados Unidos de ir a las Olimpiadas del 2004 en Atenas. Los mexicanos se han convertido en los verdugos de los rubios del Norte.
El clásico, primero de esta clase que se organiza, ha sacado a relucir mucho entusiasmo, un renacimiento del béisbol en el Caribe, el amor de muchos peloteros por vestir la franela de sus países de origen y a pesar que habrá que hacerle ajustes en el futuro, que incluye el sistema de juegos, los cruces para las series finales, lo demás ha sido felicidad.
La historia la han escrito los equipos de Cuba, República Dominicana y los dos de Asia, Japón y Corea del Sur. La final, enfrentará a un equipo latinoamericano a uno de Asia.
El costo del evento, ha sido grande. Pero como dijo el Comisionado Bud Seling, un defensor de este clásico: "estamos invirtiendo para el futuro y el futuro es grande".
Según los informes extra-oficiales, han asistido a los partidos en todas las sedes, más de medio millón de aficionados, cifra que aumentará en las finales. Los millones gastados por la MLB, han valido la pena.