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 Miércoles 15 de marzo de 2000


Colombianos buscan refugio en el lado panameño de la frontera

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Jaqué, Panamá
AP

Cuando las balas resonaron y la explosión de una granada estremeció su casa de madera, el colombiano Luis Alfonso Moreno empacó lo que pudo y abandonó rápidamente su pueblo con su esposa y sus hijos.

En una lancha motor, el aserrador de madera de 28 años y varios pobladores más salieron a las aguas bravas del Pacífico y pasaron del pueblo colombiano de Juradó a la provincia fronteriza de Darién en Panamá. Tras desembarcar, Moreno y tres amigos suyos emprendieron el camino de la montaña, mientras que su esposa María Elena y sus cinco hijos seguían por la costa del Pacífico hasta llegar a Jaqué.

``Cuando sientes la muerte cerca, no hay tiempo de pensar en nada. Sólo quieres huir y llevar a tu familia a un lugar seguro'', comenta Moreno.

El drama de Moreno es uno de los muchos que se han desarrollado entre el medio millar de campesinos colombianos que huyó de Juradó en vísperas de Navidad, luego de un feroz enfrentamiento entre guerrilleros y militares.

La guerrilla ocupó parte del pueblo y los residentes huyeron por temor a la llegada de los paramilitares, que han sido acusados por organismos de derechos humanos de numerosas matanzas de campesinos.

El desplazamiento de colombianos es un asunto que agobia a Panamá y a regiones fronterizas de países limítrofes con Colombia, como Ecuador y Venezuela. Se estima que la guerra civil colombiana ha ocasionado el desplazamiento interno de casi dos millones de habitantes de ese país.

En los últimos cuatro años, según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, con sede en Bogotá, unos 8.000 colombianos se han trasladado a Panamá, 19.300 a Venezuela y 12.700 a Ecuador.

Para Panamá es un asunto delicado debido a que no tiene ejército desde comienzos de la pasada década, y la seguridad que presta en la frontera con cerca de un millar de policías, escasamente entrenados, no es de mucha garantía.

En Jaqué sólo hay apostados unos 40 policías con fusiles soviéticos AK47. Cuando los habitantes de Juradó comenzaron a llegar, la policía se puso en alerta ante la posibilidad de que paramilitares o guerrilleros viniesen tras ellos.

``Este ha sido un pueblo muy tranquilo, pero ahora está un poco alterado por el ingreso de los desplazados'', dijo el pescador jaqueño Juan Rodríguez. ``De todas maneras, tenemos que darle la mano a esta gente''.

La población de Jaqué ha sido muy hospitalaria con los colombianos, debido en parte a que gran parte de los habitantes de Darién han emigrado aquí desde Colombia.

Sin embargo, la situación de los desplazados es ambigua. Las autoridades de Colombia no les han brindado ayuda, y las panameñas no parecen dispuestas a concederles el status de refugiados, pese a que les han donado alimentos y ropas.

Muchos desplazados quieren quedarse en Jaqué. Otros están dispuestos a retornar voluntariamente si las autoridades de Colombia les garantizan su seguridad.

Moreno es uno de los que no quiere regresar, pese a que en Juradó dejó su casa, sus amigos, un trabajo que le daba lo suficiente para alimentar a su familia y ratos de esparcimiento para jugar al fútbol o escuchar música.

``No tengo deseos de regresar, no hay seguridad para uno'', señaló Moreno, quien ahora vive en una casa de madera, caña brava y zinc. ``Aquí me siento bien; no tengo temor a que vaya a pasar algo''.

Moreno pasó una prueba muy dura para ahora querer volver. Después de desplazarse con su familia por mar hasta el Guayabo, en la provincia de Darién, el colombiano se separó de su mujer y atravesó con tres amigos la selva para llegar a Jaqué a pie, ya que temía que por la costa no los dejaran entrar a la localidad.

Moreno pensaba que sus hijos -- Luis Alfonso, de un año, Luis Enrique, de 4, Carlos José, 5, José Luis, 7 y José, 8 --, serían recibidos fácilmente con su madre por ser menores de edad. Y así fue.

 

 

 

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