Saludos amigos y amigas del béisbol, bienvenidos al miercolitos de numeritos, hoy cuando se juegan jornadas de vida o muerte en los torneos infantil y pre infantil del programa de Pequeñas Ligas.
Anoche los aficionados que fueron al Estadio Nacional llevaron linternas y luminarias, esperando el apagón que se había hecho rutinario en dos días corridos.
El tema de hoy saca ronchas. Seguro que habrán quienes mostrarán un rechazo y otros admitan el problema, como algo evidente y de sumo cuidado.
Cuando empezaron a llegar los primeros instructores cubanos a Panamá se notaba el interés de aprender de ellos y aceptar su llegada como algo positivo. La misión principal era la de aprender de sus conocimientos y luego poner en práctica todo lo aprendido.
Jamás se pensó o estructuró el plan de béisbol Cuba-Panamá como una invasión o reemplazo de los técnicos criollos.
Desde esta tribuna me parece que se ha abusado de los instructores cubanos. Son tantos que no se pueden contar con los dedos de las manos. Hay provincias que tienen tres técnicos de Cuba, dejando fuera de actividad a los instructores panameños.
¿Cuál es el objetivo de saturar nuestros equipos con la escuela cubana?
¿Hay algún compromiso político del gobierno o simplemente una descuidada invasión y segregación de talento criollo?
El asunto hay que revisarlo. Muchos técnicos cubanos vienen y trabajan con las selecciones de las provincias. Trabajan con un grupo especial de peloteros y luego desaparecen.
¿Qué ganamos? Esa pregunta se la lanzó a 82 millas por hora, pero en curva, a la dirección técnica del Instituto Nacional de Deportes.
Señores, tenemos una gran fila de técnicos de Cuba y una larga lista de técnicos panameños nombrados, pero que no hacen lo que se espera de ellos.
Vamos a revisar la lista de los instructores criollos y su aporte actual al desarrollo del béisbol.
¿Cuánto se invierte sólo en técnicos en la pelota panameña y cuál es el resultado que hemos tenido? Provincias como Chiriquí y Veraguas han sido saturadas de técnicos cubanos y otras sufren de falta de apoyo.
¡Cero bola, un strike, ojo!
¡Viva el béisbol!