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Quince personas murieron y unas cuarenta resultaron heridas en el atentado que se produjo ayer en la ciudad de Haifa (norte de Israel), el primero en dos meses que se produce dentro de este país y que puede desencadenar una nueva ofensiva militar en Cisjordania y Gaza.
El atentado, el primero dentro de las fronteras reconocidas del Estado de Israel desde el pasado 5 de enero, se registró en un autobús de línea que se dirigía a la Universidad de Haifa, en el Monte Carmelo, y por ello gran parte de sus pasajeros eran estudiantes.
"El centro del autobús saltó por los aires, y el techo se desprendió" del cuerpo del vehículo, dijo un testigo presencial.
De acuerdo con los daños que causó la deflagración, fuentes de la policía dijeron que el terrorista suicida podía llevar una carga explosiva de entre 50 y 60 kilos.
La potente explosión causó un fuerte incendio en el autobús que los viandantes trataron de apagar con cubos de agua, a fin de rescatar a los supervivientes.
"Salí y corrí hacia el autobús; era un escenario horrible, había varios cuerpos en la calle", relató Ovadia Saar, un conductor de autobús que viajaba detrás del vehículo atacado.
Poco después del atentado, Israel acusaba a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y a su presidente, Yaser Arafat, por no hacer nada para impedirlos.
"El atentado de Haifa es otro derramamiento de sangre de civiles israelíes inocentes", afirmó David Baker, portavoz de medios extranjeros del premier hebreo, Ariel Sharón. |