Las lágrimas que corrían por las mejillas de Cristina no eran necesariamente por hambre, tristeza o desolación. Fueron a causa de no saber leer ni escribir y de no tener un apellido ni registro de nacimiento a la edad de 12 años para poder ir a la escuela.
Expresó que no claudicará con su visión de apoyo hacia las masas desprotegidas.
"Seguiré trabajando aunque sea con las uñas. Estamos programando algunas jornadas de alfabetización, ansiosos de que los menores tengan la oportunidad de aprender a escribir sus ficticios nombres y apellidos".
Reiteró que por ahora su norte es lograr que las autoridades del Registro Civil se interesen paras agilizar las partidas de nacimiento de los menores, de lo contrario este será otro año escolar perdido.
Rodríguez conminó a los estamentos gubernamentales a prestarle mayor atención al derecho de la educación que tienen los niños. Reconoce la importancia de la partida de nacimiento, pero "¿Acaso no se considera el porvenir de estas criaturas a quienes de alguna manera se les esta privando de un derecho universal?- preguntó a manera de reflexión, la tenaz profesora.
VIOLACION DE DERECHOS HUMANOS
Cabe recordar que existe una Convención sobre los Derechos del Niño, entrada en vigor en 1990, en donde el artículo 7 expresa:
"El niño será inscrito inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos".
Igualmente, en el artículo 8 de dicha convención se anuncia que :
"cuando el niño sea privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad, los Estados Partes deberán prestar la asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad".
En Panamá no es un secreto que existen muchas Cristinas y otros Pedros, infantes a quienes se les niega el derecho de un nombre y se les priva de una educación básica.
Las ganas de aprender a leer y a escribir de la tímida Cristina, que dentro de poco será una señorita, y las frías palabras de Pedro, que dijo querer ser un pastor para alabar a su Señor, son razones suficientes para forjar un futuro mejor a favor de nuestra olvidada niñez.
Panamá necesita una niñez segura, con identidad y con un mejor mañana.
¡ Basta ya de elocuentes discursos que disfrazan mundialmente la realidad de la juventud y niñez panameña, que desde el vientre de sus madres traen un futuro incierto!. Que este artículo sirva para que reflexionemos.