Sentí "un nudo en la garganta" y mi mente se fue por el "túnel del tiempo", ¡a treinta y cinco años atrás!
Estaba frente a los gruesos barrotes de la puerta de entrada del sitio donde estudié Sociología en Chile, hace casi cuarenta años.
Era la mañana del veintitrés de enero pasado y horas antes habíamos llegado a Santiago de Chile, en un viaje de nostalgia.
Mi mente era un torbellino de recuerdos, muchos de ellos incompletos y desteñidos por el tiempo.
Recordé las palabras del licenciado Gonzalo Menéndez Franco, ya fallecido. "Milcíades, tienes que ir a Chile, para que veas cómo ha cambiado. Ahora está moderno. Aunque me duela decirlo, la dictadura de Pinochet desarrolló a Chile".
Sí, tenía razón Gonzalo. Era otro Chile, lleno de modernismo, convertido en país del Primer Mundo.
Pero luchaba con mis recuerdos. Me veía recién graduado de Periodismo estudiando Sociología en una país distinto a Panamá, con fuerte tendencia europea.
Pensé en los combates entre estudiantes y policías, incluyendo carros de agua llamados "Guanacos". Por eso ahora varias personas en son de burla me dijeron que a ese lugar le llamaban "El Piedragógico" y no Universidad Pedagógica.
Lamentablemente, días antes habían derribado las viejas aulas donde estudié más de tres años.
Claro que hay cambios, pero se mantenía el campus universitario lleno de viejos árboles que dan sombra en esta época de verano.
Me fue difícil localizar a antiguos compañeros de estudios. Solamente encontré a Eugenia (Kena) Hola. Me informó de la muerte de dos colegas y el destino de otros. Se emocionó mucho al verme frente a su departamento, sin previo aviso.
Supe de aspectos negativos que se vivieron debido al golpe militar de septiembre del setenta y tres. Todavía hay heridas abiertas...
Algunos colegas delataron a otros que eran de tendencia izquierdista (del presidente derrocado Salvador Allende).
La sencilla escuela de Sociología ahora está en un moderno edificio, a pocas cuadras y cuenta con cursos superiores de maestría.
También varios de mis profesores pasaron a mejor vida...
Estuve horas recorriendo avenidas llenas de árboles, tratando de ubicar sitios donde había vivido, estudiado, en fin, hacer vida de estudiante en un país extranjero.
Todo estaba cambiado y por supuesto que no existían los viejos caserones.
Estos viajes de nostalgia lo hacen con frecuencia quienes hemos estudiado en el extranjero. Nos dejan un sabor amargo y dulce en la boca... ¡pero valen la pena!