Algo es claro: la ciudad de Panamá, sobre todo mientras más nos acercamos al centro y las zonas comerciales, es un lugar con muy pocos espacios para estacionamientos.
Zonas como la vía España, la Calle 50, Paitilla, Marbella, la Plaza 5 de Mayo, las Avenidas Perú, Cuba y otras son una pesadilla para los conductores, que deben dar varias vueltas antes de poder encontrar un espacio para estacionar.
Si los pocos espacios fueran el único problema, menos mal. Pero también está la molestia de la gente que no saben estacionarse, o sencillamente no les importa con los demás.
Hablamos de estos que con un auto ocupan dos espacios en un "parking" público o privado. O esos que en un estacionamiento con espacios paralelos, ponen los carros de forma diagonal, dificultando la entrada y salida a otros autos.
También están los que se estacionan demasiado pegados a otros vehículos, y cuando el dueño del auto contiguo tiene que entrar, el espacio que le dejaron ni siquiera le permite caminar entre un carro y otro.
¿Y qué hay de los que se toman estacionamientos que son privados, o destinados para personas discapacitadas?
Pero los más descarados de todos son esos que se estacionan detrás de uno o más autos, bloqueándoles la salida, y luego se pierden. Esto es el colmo de la desconsideración.
Estas malas prácticas en el manejo las puede hacer uno en el parqueadero de su propia casa, pero no en el estacionamiento de un centro comercial repleto, ni en las estrechas calles del Casco Antiguo y San Felipe.
Como en todo, el derecho de un conductor termina donde comienza el del otro. Hasta que no nos apliquen la misma medicina, no caemos en cuenta sobre la consideración con otros choferes.