La existencia de monopolios en la distribución de combustibles generan los altos precios de la gasolina y el diésel, indicó ayer el economista Miguel Ramos, investigador del Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá (IDEN).
"Aún no entiendo por qué la Autoridad de Protección al Consumidor no cumple su trabajo como tal, cuando la obligación de este tipo de entidades debe ser proteger al público y regular el mercado", manifestó.
Puso como ejemplo las leyes antimonopolio que existen en Estados Unidos y Europa que penalizan fuertemente a los grandes consorcios que establecen precios arbitrarios o especulan con mercancías en perjuicio de los consumidores.
"Precisamente estas prácticas monopólicas impiden que otras empresas puedan importar libremente combustible y ofrecerlos más baratos en el mercado interno, violando el verdadero espíritu de libertad de mercado, que en realidad no existe", aseguró.
Ramos precisó que el mito de que el Estado no debe intervenir en el mercado es una falacia, porque en los países desarrollados los gobiernos desarrollan un fuerte papel regulador y alientan una verdadera competencia.