Era una barriada tranquila. Cuando Ud. compró su vivienda hace más de veinte años, se le dijo que allí nunca se harían edificios altos. Se trataba de una barriada de viviendas llamadas unifamiliares, para sus dueños y no con fines comerciales.
Por eso el barrio era tranquilo y los vecinos se conocían. Como no tenía vías de acceso a otros sitios, circulaban pocos automóviles (los de residentes).
Con el paso de los años la ciudad fue cambiando. Esto es lógico. Algunos científicos sociales consideran a las ciudades casi como organismos vivos.
Ahora en un lote baldío se anunció la construcción de un enorme condominio. Esto mismo ha ocurrido en otros sitios de la capital, donde las autoridades han cambiado las reglas.
Como ha sucedido en San Francisco, Obarrio, Bella Vista, etc., la construcción de un edificio de varios departamentos (o condominio), cambiará la tranquilidad de la barriada.
Por más que se diga lo contrario, la experiencia de estos últimos años así lo señala.
Lo primero que ocurre es que aunque se jacten los dueños del rascacielos de "tener muchos estacionamientos", aparecerán los autos "extras" estacionados en la calle.
Entonces se complicará la circulación de vehículos en ese antiguo sitio tranquilo y espacioso.
Lo más seguro es que en algunos de los departamentos haya perros y otras mascotas. Las empleadas o niños los sacarán "a pasear" para que hagan sus necesidades... ¡en las aceras!
Pronto por ese antiguo barrio tranquilo no se podrá caminar sin peligro a ensuciarse los zapatos...
No les extrañe que haya varios jovencitos entre los nuevos vecinos. Ya vendrán las fiestas de fines de semana con su bulla y aglomeración de autos y motos.
Y las flamantes "áreas sociales" de los edificios estarán lo suficientemente bajas, para que el escándalo de la fiesta se escuche en toda la barriada.
Las personas que compraron su casita pensando vivir en paz por muchos años, de la noche a la mañana sufrirán de los nervios y la tensión.
Por más que se diga que es progreso; que la capital "debe crecer hacia arriba", tal cosa no significa arruinarle la convivencia a gente que ha vivido en el sitio por muchos años.
No le crean por a los promotores de ventas que juran que el rascacielos no afectará a la tranquila barriada.
Repito que hay varios casos en la ciudad. Por eso hay que tener cuidado al cambiar las disposiciones de construcción.
¡Progreso no significa dañar el ambiente tranquilo de una barriada!