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CONSULTORIO MEDICO La crema EMLA y la insensibilización de la piel

Estimado Dr. Hiller: Mi hijo tiene verdadero pánico a las agujas por lo mal que lo ha pasado cuando le han puesto las vacunas. Necesito llevarlo a que le hagan unos análisis de sangre y estoy acordándome de un producto que mencionó en una ocasión hace algunos años. No puedo recordar el nombre, pero era una crema que aliviaba el dolor producido por el pinchazo de una aguja. Nuestro médico no ha oído nunca hablar de algo semejante. ¿Puede comprarse esa crema todavía? Estimado lector: En 1993 hablamos sobre una crema que acababa de aparecer en los Estados Unidos. En efecto, dicha crema sirve para calmar el dolor de las punciones de las agujas. Aunque la crema EMLA puede encontrarse hoy fácilmente, no es utilizada normalmente para disminuir los efectos de las extracciones de sangre por su alto coste económico (en torno a los $15 por un tubo de dos dosis) y sus inconvenientes (hay que aplicársela al menos una hora antes de que surta efecto). Las inyecciones anestésicas (muy a menudo la lidocaína) pueden calmar las irritaciones de la piel, aunque en ocasiones, como suele decirse; el remedio puede ser peor que la enfermedad. Durante muchos años, antes de los años 80, los investigadores buscaron un modo eficaz para insensibilizar la piel sin ocasionar dolor alguno. Un calmante anestésico tópico (que se aplicará sobre la superficie de la zona puncionada) era considerado como la solución ideal. A pesar de que ya se utilizaban productos tales como la lidocaina y la prilocaína, ambos no se emplearon durante bastante tiempo para insensibilizar la piel dañada o las membranas mucosas de zonas como los labios o los genitales, puesto que existía el riesgo de insensibilizar el resto de la zona no afectada. Pero a principios de los 80, dos científicos suecos mezclaron los dos fármacos, creando un compuesto que era más eficaz que la acción de ambos por separado -se filtraba en los tejidos de la piel y no la dañaba. A temperatura ambiente, la lidocaína y la prilocaína son polvos, aunque al combinarse, su mezcla tiene una temperatura más baja y se licúa creando así una solución oleaginosa. El líquido resultante de tal proceso se denominó mezcla "eutéctica"; de ahí el término mezcla eutéctica de anestésicos locales, o EMLA en sus siglas en inglés. La crema EMLA ha sido utilizada en Europa desde hace más de 15 años y está disponible sin receta en Canadá desde mayo de 1991. Ahora se utiliza en multitud de países en todo el mundo, entre ellos los Estados Unidos, donde se encuentra disponible aunque sólo con receta médica. La crema EMLA puede insensibilizar la piel y los tejidos subyacentes hasta una profundidad de 5 milímetros, de ese modo previene el dolor del pinchazo de la aguja de las inyecciones, las extracciones de sangre o la introducción de un catéter. También puede prevenir o disminuir el dolor de otras intervenciones médicas en la piel como puedan ser los injertos; eliminación de lunares, marcas de nacimiento o extirpación de verrugas; biopsias de tejidos; circuncisiones; pinchazos en los dedos; punciones lumbares; y técnicas de eliminación del vello como son la electrólisis y el depilado a la cera. La circunstancia de que la crema EMLA deba ser aplicada una hora antes de que vaya a producirse el pinchazo, o cualquier intervención sobre la piel, causante del dolor es un serio inconveniente para su utilización en unidades clínicas de carácter urgente. En situaciones que no sean de emergencia, una persona puede obtener la receta previamente y aplicarse el producto con la suficiente anticipación como para que surta el efecto deseado. La crema debe aplicarse directamente sobre la piel, después la zona ha de cubrirse con una gasa. La anestesia penetra unos 3 mm al cabo de una hora, 4 mm a la hora y media, y 5 mm (la máxima penetración) en aproximadamente dos horas. Esto significa que es recomendable dejar que la crema actúe sobre la piel durante un tiempo mínimo estimado en una hora. Una vez que se ha limpiado la crema EMLA, se profundiza la insensibilización de la piel durante unos 30 minutos más, con lo cual los efectos anestésicos pueden durar de dos a tres horas. Desde nuestro consultorio sobre este asunto en 1993, han surgido dos productos alternativos a la crema EMLA. El vaporizador refrigerante es un gel anestésico que contiene ametocaína y es más barato y hace efecto más rápidamente que la crema EMLA. Los vaporizadores refrigerantes detienen las primeras señales de dolor a través de un rápido enfriamiento de la piel. Sus componentes contienen sustancias químicas que se evaporan rápidamente en condiciones normales de temperatura ambiente. Cuando se aplica el gel estas sustancias hacen que el calor procedente de la zona de piel pinchada desaparezca. Este vaporizador refrigerante -que se vende bajo una gran variedad de marcas, como por ejemplo: Fluro Ethyl, Fluori-Methane, Ethyl Chloride, Skin Freeze y Instan Cold Spray -no es caro (unos 50 centavos por aplicación) y proporciona una sensación anestésica instantánea. Como la insensibilización de la piel sólo dura unos pocos segundos, se recomienda su uso para procedimientos e intervenciones que requieran una gran inmediatez. Algunas personas encuentran que estos vaporizadores son un tanto molestos, y que los refrigerantes deben ser aplicados con cuidado para evitar que la piel se enfríe en exceso, incluso pueden producir ampollas y congelaciones. También hay que ponerle ciertos reparos medioambientales a este producto; algunos vaporizadores refrigerantes emiten clorofluorocarbonatos a la atmósfera dañando así la capa de ozono que protege a la tierra, y otros son fácilmente inflamables. Un nuevo gel anestésico que contiene ametocaína está disponible en Canadá y el Reino Unido pero todavía no en los Estados Unidos. La ametocaína actúa dos veces más rápido que la crema EMLA y su acción es más duradera -de cuatro a seis horas. También es más barata que la EMLA. Las investigaciones realizadas concuerdan en afirmar que la ametocaína disminuye o elimina el dolor de ciertas intervenciones, pero no se muestran unánimes a la hora de analizar si sus cualidades anestésicas son superiores a las de la EMLA. Una investigación reciente analizó la capacidad de la ametocaína y de la EMLA para aliviar las molestias producidas al introducir en las venas diverso instrumental médico, el campo del estudio fueron 39 casos de cáncer pediátrico. Con carácter previo a la inserción en vena se aplicaron sobre la zona de punción tanto la ametocaína como la EMLA. Se dejó que las cremas actuaran sobre la zona el tiempo recomendado por sus respectivos laboratorios, una hora en el caso de la EMLA y media para la ametocaína. Para distinguir claramente las diferencias entre ambos tratamientos, un gel placebo fue aplicado 30 minutos antes que la ametocaína y la gasa con la EMLA se aplicó sobre la zona 30 minutos después de la aplicación del placebo. Más tarde, se limpió de cremas la zona de punción. Cada anestésico fue probado en cada niño durante dos inserciones de catéter practicadas en diferentes ocasiones. Los niños estaban bajo la observación constante de sus familiares y del personal médico, nadie fue informado sobre qué producto le había sido aplicado al niño, manejando los mismos indicadores para medir las molestias de la punción tanto en unos casos como en otros. Las conclusiones de esta investigación, dirigida por el doctor canadiense Raafaat Bisahi y su equipo médico, se publicaron en la edición electrónica de la revista especializada "Pediatrics" en septiembre de 1999 y puede ser consultada en Internet en el sitio: http://www.pediatrics.org/cgi/content/ful/104/3/e31. Aliviar -y prevenir- el dolor asociado con la extracción de sangre y la inserción en vena de un catéter puede hacer que disminuyan las dificultades que tales intervenciones llevan aparejadas. Incluso si dicho dolor es relativamente breve, los enfermos tienen derecho a tomar las medidas adecuadas para prevenirlo o aliviarlo. Evitar que se produzca una sensación dolorosa durante la realización de dichos procedimientos médicos puede calmar la ansiedad que los enfermos sienten ante ellos, estimulando así la cooperación del enfermo, haciendo de estas técnicas algo menos traumático de lo que son en la actualidad, no sólo para los niños, sino también para los profesionales médicos en general y para los padres en particular. Si quiere saber más acerca de la EMLA o de sus alternativas, para usted mismo o para sus hijos, consulte con su médico antes de la próxima vacunación de sus hijos, o de cualquier otra intervención en la piel que tengan que hacerles a ellos o a usted.
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Aliviar -y prevenir- el dolor asociado con la extracción de sangre y la inserción en vena de un catéter puede hacer que disminuyan las dificultades que tales intervenciones llevan aparejadas. Incluso si dicho dolor es relativamente breve, los enfermos tienen derecho a tomar las medidas adecuadas para prevenirlo o aliviarlo. Evitar que se produzca una sensación dolorosa durante la realización de dichos procedimientos médicos puede calmar la ansiedad que los enfermos sienten ante ellos, estimulando así la cooperación del enfermo, haciendo de estas técnicas algo menos traumático de lo que son en la actualidad, no sólo para los niños, sino también para los profesionales médicos en general y para los padres en particular. Si quiere saber más acerca de la EMLA o de sus alternativas, para usted mismo o para sus hijos, consulte con su médico antes de la próxima vacunación de sus hijos, o de cualquier otra intervención en la piel que tengan que hacerles a ellos o a usted.
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