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MENSAJE
¡Gracias amigos!

Redacción
Crítica en Línea
Muchas, pero muchas veces consideramos, "esto no puede pasarme a mí", pero contra toda prudencia, nos pasa. ¡Y cómo!. El viernes último de enero, donde el sol se quería despedir del inicio del verano con burla inmisericorde, llegó lo inesperado, un inquitante y cosquilloso dolorcillo, paralelo a la axila izquierda y que me impedía concentrarse en el corto diálogo del serial "La Granja", allí entre sudores y excitación terminé con el visto bueno del personal técnico y artístico, mi efímera participación, la locación, Nuevo Emperador yla sede final Canal One, se hizo interminable, peero cuando al fin llegue y me hice ver por mis compañeros, notaron algo extraño en mi carácter afable y cordial: "Algo de pasa, ¿te sientes mal?", no era difícil captarlo, por aquello de que existe un "lenguaje gestual y corporal" que nos denuncia. La decisión luminosa de la "chaparra" Elisa de conducirme directamente al Complejo de Juan Díaz, fue la luz que dirige el Señor. Se realizó el diagnóstico y se me trasladó a urgencia del Seguro Social. Después de "chequeos", evaluaciones y múltiples exámenes, el diagnóstico: infarto coronario. Don Bosco me dio fuerzas y mucha fe para asimilar lo que muchas veces pensé, no podía sucederme a mí. Un doctor que más bien parecía un atleta de lucha libre de televisión, me dijo con voz gruesa y diafragmática "amigo, llegó a tiempo, usted récele al Señor de arriba, El es quien manda, nosotros sólo somos sus instrumentos". Pero cuántos "instrumentos" participaron en mi situación: los doctores Ríos, Russo, Lombana, Miranda, Pinto, López y algunos cuantos que lograran entrar en su edad adulta muy pronto de cualquier sección de este hospital de los panameños. Desde mi ingreso hasta la salida, no sólo recibí atenciones, también cariño, amabilidad y prácticas indicaciones. Observé la profesionalidad de ángeles que como Blanca, Aura, Carmen, Dora, Marlina, "La Inquisidora", Nilsa, Mara, Esperanza, Edde y Alma ponían en práctica su "estilo de vida" ofreciendo esperanza y fe a sus distintos pacientes. Quiero hacer una alusión muy personal a la "friolenta" Mayra, quien con su atuendo de árabe latina me despertaba a las cinco de la mañana como si fuera a iniciar ejercicios matutinos: siempre pensé que quería que alguien la acompañara en el violento frío de la sala coronara. A ella se agregan la diminuta Erica y la chepana Luz, quienes hacían de mi aseo personal, un deleite en preparación para unas olimpíadas. A todos ellos, funcionarios de un hospital (C.S.S.) que no tiene nada que envidiar por su trato, atención, diligencia y amabilidad y a cuyo lugar no quisiera regresar, sino para dar un buen apretón de manos y un abrazo sincero po lo que representaron para mí. Como analogismo, Dios me ha permitido compartir más de cerca con mi esposa, mis hijos y nietos, mis entrañables compañeros de trabajo, amigos de vieja data y gente que creí amontonada en el baúl de los recuerdos, pero que me hicieron saber, que están ahí, presentes. A toda esa bella gente, que me han dado ánimos para seguir siendo parte de esa historia, a todos los que en una u otra forma se han preocupado por nosotros y digo nosotros porque la casualidad, la eterna inquietante y quimérica casualidad nos unió en esta "fallita del destino" a la señora María Cristina Jeanine, al señor Pablo Montoto y a mí en residentes de este viaje "impronto" donde conocimos nuevos y fascinantes amigos. Al Señor que nos ha dado una nueva oportunidad. En nombre de los tres, muchas gracias. Hospital de la C.S.S. Sala Coronaria. Enero del 2000
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