CUARTILLAS
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Milciades A. Ortiz Jr.
Vi a la joven en una de las
protestas de la Universidad por causa de su violación de la autonomía.
Mecánicamente la saludé, pero no tuve ánimos para preguntarle
cómo le iba.
Ella es una recién graduada en una carrera de comunicación
social, que depende de sus padres para existir. Como Vicedecano de Comunicación
Social, estoy promoviendo una Bolsa de Trabajo, que ya encontró empleo
a varios alumnos o egresados.
En caso de esta joven fue algo decepcionante. Cuando se le envió
para la entrevista la pasó bien, pero no quiso el empleo en una empresa
que comienza, porque sólo le ofrecieron trescientos balboas al mes.
Claro que ella está en su derecho de ponerle un salario adecuado
a la labor que realizará. Pero esto funciona muy bien en países
desarrollados, con muchos empleos, donde una persona que nunca ha trabajado
y no posee experiencia, puede darse el lujo de rechazar un puesto porque
le pagarán bajo sueldo.
Pero...¿en Panamá? Todos sabemos que aquí no sobran
empleos para comunicadores sociales; que hay miles de desempleados, incluyendo
profesionales con experiencia y varios títulos universitarios. Además,
hay que pensar que cuando uno comienza, por lo general es en una posición
de menor jerarquía. Desde allí puede ir ascendiendo o cambiar
de empleo más tarde.
Sin embargo, la jovencita "hijita de su mamá" no sabía
eso y se dio "el tupé" de rechazar un puesto, que lógicamente
fue aceptado por otra compañera. Hay que advertir que se hacen colas
cuando se anuncia que se necesita un empleado, porque, repito, el desempleo
es grande en Panamá, y en especial entre el sector de jóvenes.
Sin embargo, así es el panameño. Muchas veces peca de
falso orgullo, de "tirárselas de mucho" sin ninguna razón
real, y vive fuera de la realidad, sobre todo cuando tiene a papito y mamita
que paguen sus gastos.
Y que no me vengan con la excusa que nunca se lo dijeron, porque esta
realidad es algo que se discute en las aulas y todos conocen muy bien. Parece
que a algunos panameños les da vergüenza ganarse la vida de
manera honrada, aunque no hagan algo muy importante.
Por eso no les extrañe que un extranjero que llega a Panamá,
en poco tiempo levanta cabeza y se hace una posición económica
estable.
Me ha tocado conocer casos en otros países que confirman lo
que señalo. En Estados Unidos vi a una dama que llegaba en un auto
lujoso a vender dulces caseros a sus vecinos. La mujer decía con
orgullo que esa actividad (mini-empresa, como se dice ahora), le daba ganancias
para pagarse la gasolina y otros pequeños gastos.
Esto también lo vi en Chile en los años sesenta, cuando
jubilados y amas de casas aumentaban sus ingresos con artesanías,
comidas, dulces, decoración y otras actividades de la llamada economía
informal.
Esa chiquilla recién graduada, llena de ínfulas de grandeza,
debería transitar por la entrada de la Universidad, donde hay adultos
vendiendo pastillas, lápices y otros objetos, para lograr los balboas
necesarios y vivir de manera honrada.
Lo que sucede es que a veces los padres, por querer darle de todo a
nuestros hijos, no los preparamos para el mundo real. Y por más que
un profesor lo diga en el aula de clases, no le harán caso.
Cuando comenté esto con un reputado periodista, se molestó
y murmuró: "yo tuve que trabajar hasta de gratis al comienzo
de mi carrera".
Hay que aprovechar cualquier actividad honesta que produzca dinero.
Y como consejo a los jóvenes recién graduados que buscarán
empleos les digo que lo principal es "meterse en el medio, entrar en
la fuerzas de trabajo, para luego ir hacia adelante".
Lo demás es estar fuera de la triste realidad económica
panameña.

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