EDITORIAL
La criminal deflourización del agua
Los panameños estuvimos
orgullosos durante varias generaciones republicanas de la calidad y cantidad
de agua potable que teníamos; asímismo, fueron sostenidos
los esfuerzos de los regímenes al mando para extender las redes de
suministro y el establecimientos de acueductos en lejanos sitios y apartadas
regiones nacionales.
En esas búsquedas sanitarias se instituyó el organismo
responsable de armonizar tales esfuerzos, asignándole legislación,
autonomía, reglamento y ejecutorias adecuadas a esos logros, con
la denominación de Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales
(IDAAN), cuyos dos primeros Directores Generales, los Ingenieros Guardia
y José Fierro, dieron con su dedicación asiento a las estimas
populares y ganaron aplausos y aprecios de la opinión pública.
Sin embargo, el inicial sentido de salud; el objetivo de servicio público
sensitivo, al decurrir de los años, con las torceduras de la unicracia
y el ascenso del oscurantismo cuartelario, se torció, y una fronda
burocrática, sin mística ni dedicación, condujo la
entidad por caminos de desgreño, deterioro y extravío, que
ahora revierte en obtusas salidas y decisiones de estulticia; improvisaciones
contrarias al interés popular, tal el criminal intento de eliminar
el flour en el agua potable, para sustituirlo con la aplicación en
la producción de sal.
La medida es exótica e insostenible: en cualesquiera supermercado
o abarrotería se expenden sales venidas del extranjero que carecen
del aditamento mineral; asímismo, miles de hipertensos en Panamá
tienen prohibición de consumir sal y, de igual manera, los infantes
en edades sensitivas no la consumen; razones de peso que vocean los odontólogos
nativos, quienes se oponen a la propuesta, al cuestionarla con duros calificativos.
La realidad escondida en la medida desflourizadora propuesta es la
búsqueda de recortes presupuestarios; economía en el gasto
del servicio, que se anuda con el desacierto de las partidas eliminadas
en hospitales, asilos, clínicas y suministros salutíferos;
propuesta que se contradice gravemente los dispendios faraónicos
del actual regimen perredista que en ochenta y dos ocasiones realizó
viajes suntuarios al exterior, con séquitos numerosos, sin detenerse
en gastos, y la compra acelerada de cuatro millones de balboas en armas
rumanas y de "surplus" norteamericano que incluyen morteros de
ciento veinte milímetros y subametralladoras AK-47, para supuestamente
enfrentar agresiones fronterizas inexistentes, y justificar arreos de militarización
creciente en la seguridad panameña.
El flour debe llegar al pueblo, tanto citadino como interiorano; la
ausencia de su suministro es un crimen de salud que no debemos aceptar,
cuyas consecuencias, de futuro, dañarán la salud bucal panameña
de imponerse.


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