A ORILLAS DEL RIO LA VILLA
Los baila la vara

Santos Herrera

La gente honesta de nuestro pueblo, que por suerte aún son la mayoría, repudia con desprecio y rabia a los políticos que se acuestan perteneciendo a un partido y cuando despiertan ya están inscritos en otro. Por lo tanto, les endilga peyorativamente los peores calificativos, resultando el más común, el de "los baila la vara". En tiempos pasados se podía comprar a un cacique político y hasta a un corregidor, pero ahora aquí en Panamá, se han comprado hasta partidos enteros, que durante 34 años han venido diciendo que son una agrupación con contenido ideológico.

Otra característica de la actual clase política es que cuando uno o varios de sus miembros se van para otro partido, los acusan de traidores, de vendidos. Sin embargo, cuando es todo lo contrario, o sea que los que se cambian se inscriben en su colectivo político, entonces son unos héroes, valientes, patriotas, etc. De igual forma actúan cuando el que gobierna nombra familiares en su administración, acusándolo de nepotismo. Pero, si la alcaldesa emplanilla a miembros de su familia, hasta el cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad, entonces a eso le llaman un acto de solidaridad humana. Otra bellaquería de los políticos de oposición, la observamos cuando un personaje milita en un partido opuesto al suyo a quien sin tapujos le dicen que es un maleante, lavador de dinero, inmoral, ladrón, perseguido por la INTERPOL, etc. Empero, cuando ese mismo sujeto se cambia de tolda y se inscribe en su partido, se convierte por sólo el mágico traspaso, en un auténtico ángel que ha caído del cielo, con alitas y un halo en la cabeza, en consecuencia, es el hombre más digno, honesto y probo que existe en todo el mundo.

A diario observamos estas sinvergüencerías porque los políticos criollos han degenerado en extremo la palabra política, y hoy la misma es sinónimo de bribonada, viveza, engaño, falacia, deshonestidad, inmoralidad, traición, mentira, incumplimiento, deshonor, etc. Es decir, que en la actualidad se piensa que las cualidades de un buen político son aquellas propias de un fullero, de un bribón, de un pícaro, de un charlatán, de un ignorante y todos los calificativos que pugnan con la decencia y la moral. Nosotros consideramos que como en la República de Panamá, han abundado y abundan los politiqueros y no los políticos, muchos piensan que aquellos son los triunfadores, pues por su astucia y bellaquerías siempre están en la papa y sin tomar en consideración indispensables principios éticos. El politiquero habla de cuestiones políticas sin necesidad o sin capacidad para ello, y con sus acciones bastardea los fines de la actuación de la política. Ellos han invertido los verdaderos valores de nuestra sociedad, corrompiendo y envenenando la conciencia nacional.

El politiquero es perseguido y vengativo, embusero y arrastrado, demagogo y falaz, indigno y servil, hipócrita e intrigante, chanchullero y sinvergüenza. Es un enano mental y moral que no cumple con su palabra ni con las promesas.

 

 

 

 

 



 

AYER GRAFICO
Orlando Guerra "Cascarita", un gran artista del Carnaval


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, no paro de criticar


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