Martes 5 de febrero de 2002

 

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  OPINION

EDITORIAL
El ejemplo de Costa Rica

Los resultados de las elecciones costarricenses han revelado que el sistema bipartidista que por años imperó en el vecino país está llegando a su final, situación que debe poner a meditar a los dos principales colectivos de Panamá: el PRD y el Arnulfismo.

Algo histórico sucedió el domingo en Costa Rica. Por primera vez los ticos culminan un torneo electoral sin tener un presidente electo, lo que obliga a una segunda vuelta electoral para el 7 de abril.

El oficialista Abel Pacheco, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), logró el primer lugar, seguido del opositor Rolando Araya, del Partido Liberación Nacional (PLN). Sin embargo, surgió Ottón Solís, el candidato de un tercer partido, Acción Ciudadana (PAC), que desafió a los colectivos tradicionales logrando más del 26 por ciento de los votos, forzando la segunda vuelta electoral.

Además las elecciones legislativas ponen de manifiesto que la Asamblea estará dividida en cuatro bloques políticos. Además habrá un legislativo fraccionado, donde ningún partido tendrá la mayoría, lo que obligaría al futuro presidente un manejo inteligente para evitar la ingobernabilidad.

Los políticos tradicionales de Panamá deben mirarse en el espejo tico, sobre todo ahora que no gozan de ninguna credibilidad por el escándalo de corrupción que los salpica.

En Costa Rica como en Panamá hay desencanto con los políticos tradicionales, lo que puede dar margen al surgimiento de nuevas figuras que sustituyan a los elementos desgastados y enquistados en los diversos partidos del país.

Desde 1990 a la fecha, el Arnulfismo y el PRD se han alternado en el poder; las terceras fuerzas no han tenido opciones en los comicios panameños, pero los tiempos cambia.

La gente espera un nuevo liderazgo, figuras que presenten propuestas para superar los problemas y que estén dispuestos al debate de altura con sus adversarios.

El momento actual que vive Panamá hace necesario una nueva cultura política. No se puede mantener la actitud del juega vivo que ha caracterizado a los panameños.

Con lo sucedido se hace necesario reforzar los principios morales y el civismo. Ante el terremoto que ha sacudido a la clase polìtica panameña, habrá que buscar los mecanismos para proyectar la mayor transparencia posible en el manejo de los dineros del Tesoro Nacional.

Para lograr esa transparencia se requiere una reingenierìa moral en toda la sociedad, porque la corrupciòn es un mal que corroe a todos los sectores de la naciòn.

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