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La reciente encuesta publicada por el diario El Panamá América revela no sólo la debacle del Partido Revolucionario Democrático (PRD), sino también el final anunciado de la precandidatura presidencial de Martín Torrijos y el control sobre el Órgano Legislativo. Muy sutilmente, se nota el rechazo popular generalizado hacia la clase política panameña.
Casi todos los partidos políticos bajaron sus porcentajes de respaldo. El PRD perdió más de 10%, el Arnulfismo casi el mismo porcentaje, mientras que aumentó en 50% el nivel de panameños independientes, lo que suma un millón de personas, los que no tienen alguna definición política dada.
El voto independiente vuelve a transformarse en el "Caballo de Batalla" para realizar un proyecto idealista en este país, nunca antes concretado: la defenestración del monopolio político de los grupos partidistas tradicionales. Desde que Panamá se convirtió en República soberana en 1903, dos grupos siempre han luchado por el dominio de la cosa pública. Si no eran los liberales o conservadores, eran los panameñistas contra los liberales. Ahora, en el Siglo XXI, son los arnulfistas contra el PRD.
Los proyectos independientes han muerto en las elecciones presidenciales, porque no han logrado tomar fuerza dentro de las clases media y baja en el Istmo. Desde 1960 hasta el presente, grupos como la Democracia Cristiana (hoy Partido Popular), el MOLIRENA, el PALA, las nuevas vertientes liberales, entre otros, han tenido influencia dentro de los gobiernos en los Organos Legislativo y Judicial, pero casi no tienen opciones presidenciales dirigiendo el Estado Nacional.
El Papa Egoró, fundado en 1994 por el cantautor Rubén Blades, fue defenestrado en 1999 al no lograr cumplir sus propósitos como Tercera Fuerza. Ese mismo año, la Alianza Popular, compuesta por grupos simpatizantes del ingeniero Alberto Vallarino Clement, también se convirtió en elemento desestabilizador en la política nacional, fuera de los dos tradicionales sectores partidistas.
Es hora de que los panameños hagan una reflexión seria sobre los hechos que asolan la comunidad, en el caso de los sobornos a los diputados, o por el caso de las partidas circuitales. Debemos buscar nuevas alternativas políticas o crear movimientos realmente populares, que sean representativos de las clases sociales más desprotegidas de Panamá.
Indudablemente, el PRD y el Arnulfismo desaparecerán como partidos políticos aglutinantes, de aquí a varios lustros. La gente ingresa a esos colectivos sólo para buscar trabajo o algún padrino en el gobierno.
En el Arnulfismo no hay un grupo de juventudes serio, mientras que el PRD, ya el barco hace aguas y todos los creyentes saltan de la cubierta hacia el mar. |