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Algunos padres de familia no se preocupan por conocer en qué andan sus hijos. Observan que los adolescentes salen del hogar en horas tempranas y retornan a avanzadas horas de la noche y lo ven como algo normal. Ni siquiera preguntan dónde y con quién estaban. Al mismo tiempo mantienen una actitud pasiva cuando observan a los jóvenes ingiriendo licor o fumando.
Para ello esa es una situación normal de la juventud. Antes los hijos respetaban a sus padres. No fumaban ni bebían frente a éstos, pero ese respeto se ha perdido, por culpa de los propios padres que se han convertido en alcahuetes de esas situaciones.
¿Cómo un joven que no trabaja obtiene dinero para comprar cigarrillos y cervezas?. En ese afán de darle libertad a los hijos, muchos padres de familia no se dan cuenta que pueden estar llevando a la perdición a esa juventud.
El peligro acecha en las calles. En cualquier lugar se expenden drogas y la juventud está expuesta. A veces los jóvenes reciben una adecuada formación en sus hogares, pero pueden ser introducidos en el perverso mundo de la adicción por sus amigos de la calle. Los padres de familia deben ser más responsables y mantener bajo control a sus hijos, porque es mejor prevenir que lamentar. |