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Funcionarios cubanos y empresarios norteamericanos, que sostuvieron aquí cuatro días de reuniones, demostraron que la política y los negocios andan de la mano por el camino de normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Para los cosecheros estadounidenses, Cuba se ofrece como un importante mercado actual, con potencialidades futuras; mientras que para los representantes del régimen de Fidel Castro, la comunidad empresarial norteamericana podría ser la llave que abra la puerta para normalizar las relaciones económicas y políticas con Estados Unidos. Una puerta que ha estado cerrada durante las últimas cuatro décadas.
Como trasfondo están los $35 millones que Cuba acaba de pagar, al contado, para comprar en Estados Unidos aproximadamente 228,000 toneladas de alimentos, al amparo de una ley aprobada el pasado año.
Pero, sobre todo la promesa de que las cosas podrían ser mucho mejores si se modifican las restricciones vigentes para este tipo de transacciones.
En una clásica operación de mercadeo, Cuba les ofreció a los empresarios norteamericanos un mercado inicial de $1,000 millones anuales con posibilidades de incrementarse en los próximos años.
Las cifras se refieren a compras de aproximadamente el 19 por ciento del total de las exportaciones norteamericanas, en el caso del arroz, y de un 37 por ciento en el de la leche.
A cambio, la comunidad empresarial norteamericana debe movilizar sus influencias y recursos para impulsar en el Congreso las reformas que posibiliten a corto plazo el comercio entre Cuba y Estados Unidos, y a más largo plazo, la normalización de las relaciones entre ambos países.
La actual legislación prohíbe a Cuba exportar productos a Estados Unidos, utilizar el dólar en las transacciones comerciales, el financiamiento por parte de organismos gubernamentales o privados y los viajes de turistas norteamericanos.
Otra licencia es igualmente necesaria para los barcos de carga, que tienen prohibido tocar puertos norteamericanos, si han estado en Cuba en los últimos seis meses.
Para poder comprar en Estados Unidos, La Habana quiere que se eliminen esas restricciones. ``Si nada sucede en ese aspecto, será muy, muy difícil continuar las compras'', aseguró el titular de Comercio Exterior, Raúl de la Nuez.
Aunque reconoció las dificultades que confronta el lobby procubano en el Congreso, el ministro se mostró optimista con las propuestas que existen en el legislativo estadounidense para eliminar las restricciones al comercio con Cuba, y en particular, con el proyecto que autorizaría el turismo norteamericano a Cuba.
Por lo pronto, el respaldo de los empresarios asistentes a este evento fue casi unánime. Steve Appel, vicepresidente del Buró Agrícola del Estado de Washington, expresó su confianza en que ``nuevos pasos serán adoptados muy pronto en la normalización de las relaciones con Cuba''.
Por su parte, La Habana dejó entrever que, aunque aspira a una eliminación total de las sanciones, podría ``ser flexible'' sólo si se eliminan algunas de ellas, como parte de un proceso más amplio. |