El panameño es un pueblo alegre y "fiestero" por naturaleza. Eso es imposible de negar. Pero incluso en los momentos de mayor relajo, hay que mantener un sentido de responsabilidad.
A pesar de las restricciones de la Gobernación, y operativos de vigilancia de la Policía Nacional y el Sistema Nacional de Protección Civil, existe un cierto nivel de seguridad para con nosotros y nuestros acompañantes que corre por cuenta propia.
Cuando salimos del radio de acción de los policías y los salvavidas, deben entrar a funcionar la prudencia y el sentido común. Y sin embargo, las estadísticas de muertes por inmersión en el mes de enero ya están comenzando a dispararse.
Igualmente, los decesos y lesionados por riñas y peleas en los balnearios (casi siempre detonados por el consumo indiscriminado de alcohol) están llenando de cuerpos los hospitales del país.
El comportamiento desordenado que muchas veces presentan los panameños, a final de cuentas, da al traste con el fin que los llevó a esos lugares: divertirse sanamente, tranquilamente y en paz.
Tampoco puede llegar usted a las playas del interior y hacer cuanta cosa le venga en gana, destruyendo lo que le venga en gana y escenificando actos que riñen contra la moral.
Tome esto en cuenta cuando salga a divertirse con su pareja, familia, o con un grupo de amigos, estimado lector. Toda actividad de diversión es buena cuando se ejecuta en su justa medida. Como dicen las abuelas: "Juicio, mucho juicio".