EDITORIAL
Reafirmación de los caminos democráticos
La toma de posesión
del mandatario electo de Venezuela, el exmilitar Hugo Chávez, figura
controversial que irrumpió a la vida política del país
sureño liderando un alzamiento castrense para derrocar el gobierno
adeco de Carlos Andrés Pérez, acto por el cual soportó
encarcelamiento y sometimiento a juicio, que obvió el Presidente
Rafael Caldera, al dictarle perdón amnistiador.
Hugo Chávez proclama convicciones bolivarianas; promete cambiar
el rumbo del Estado venezolano, y con melosas frases comunes encubre la
dinámica de quien titula pensamiento vertical, propio de los cuarteles;
descalificando la clase política y ofertando soluciones mesiánicas,
que contradicen las durezas de la realidad que transita el país acogotado
por el desempleo, la pobreza creciente, la contracción económica
y la cerrazón de oportunidades, bajo el peso de una deuda externa
agobiante y el monoproducto petrolero desvalorizado.
La elevadísima votación que eligió a Chávez
refleja la desconfianza popular hacia las estructuras partidarias tradicionales
y las figuras de obsolescencia política; rubrica el credo popular
en las soluciones milagrosas que erradicarán la corrupción,
defenderán los recursos nacionales, harán efectiva y justa
repartición de los ingresos de la economía, y, en síntesis
devolverán a Venezuela el esplendor que guió sus derroteros
hace un cuarto de siglo.
De no materializar Chávez sus dulcísimas promesas, Venezuela
correrá el riesgo de revivir estadios de insurgencias, de pobladas
y protestas violentas que podrían derivar al manejo de fuerza, de
imposición cuartelaria y vertical, propio de las salidas militares,
con lo cual cesaría la vigencia democrática del país
de Bolívar. Esa es su incertidumbre.
En Panamá, en cumplimiento del calendario electoral, cerraron
las postulaciones a cargos de votación, y resultó manifiesto
que los acomodos y arreglos de última hora se hicieron presentes,
quedando un elevadísimo número de posiciones sin candidatos;
así como acrecentando cuestionamientos de legalidad sobre idoneidades
residenciales que afectan a varias decenas de postulados.
El acto postulatorio de ayer es reafirmación del camino democrático
panameño que discernirá el mando en todas las instancias,
en mayo próximo; lo cual merece apoyo y respaldo del soberano ofertando
sus preferencias y escogimientos con la efectiva emisión del sufragio
y la decidida defensa de los resultados.
Si en Venezuela, Chávez solicita el pronunciamiento del pueblo
para cambiar la Constitución vigente; en Panamá, crece similar
preocupación en círculos políticos y académicos
que proponen y reclaman rehacer la obsoleta normativa dictada por la dictadura
castrense que dirigió los destinos nacionales por cuatro lustros.
La reafirmación del camino democrático es el instrumento
idóneo para alejar estadios de opresión, unicracia e injusticia;
estadios injustos vividos por ambos países, con las durezas de muerte,
llanto, dolor y tragedia que no deben retornar.


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