Alianzas¿sí?¿no?
Rubén Carles
Crítica en Línea
Algunas personas que vienen
repitiendo, desde las últimas elecciones, que la existencia de varias
nóminas presidenciales en 1994 no permitió el triunfo de la
candidatura del partido Arnulfista, no han dado juicioso y desacalorado
pensamiento a esa aseveración. En forma simplista y difamatoria riegan
frases que por suerte no son recogidas por los más serios y responsables
arnulfistas, quienes tienen todo mi respeto.
En 1994 surgieron 7 nóminas y ganó la que más
votantes pudo reunir, con o sin alianzas. Siento 7, observen, cada candidato
se enfrentaba o 6 nóminas ajenas, o sea, que tenía 6 opciones
con quienes poder aliarse. "Opciones", no obligatoriedades. ¿Por
qué no hicieron las alianzas? ¿Por qué no? En ese escenario,
y sin conocer el caudal del votantes, de cada cual, cada uno de esos 6 candidatos
podría haberse quejado de que no ganó porque los otros no
se le unieron. Pero la verdad, la única, la áspera verdad,
es que perdieron porque no obtuvieron los votos. ¿Con qué
justicia se culpa a nadie más? Creemos que con ninguna, y el que
así lo hiciere merece desestimación por calumniador.
Antes de que yo apareciera como candidato (noviembre 1993), distinguidos
miembros del MOLINERA trataron repetidas veces de lograr una alianza con
el partido Arnulfista. No tuvieron éxito. ¿Por qué
no? O mejor, ¿Por quién no?, Nunca hemos sabido.
Durante nuestra campaña no consideramos buscar frenéticamente
alianzas. Nosotros conformamos una nómina valiosa y presentamos al
electorado un programa realista y viable; pero no obtuvimos suficientes
votos y no se nos ocurrió culpar a nadie por nuestra derrota.
El electorado es algo imprevisible. Con frecuencia, y esto no sólo
sucede en Panamá, no han triunfado los más capacitados.
Las alianzas o coaliciones no son fáciles. Sólo en el
caso de que existan coincidencias de ideales programas y propósitos,
la configuración de grupos electorales tendría justificación.
Lo que no resulta sencillo ni justificado para decirlo en forma muy
elemental y gráfica- es la unión del agua y el aceite, situación
que se muestra clara y paradógica cuando una persona hace pronunciamientos
contra ricos y poderosos y luego aparece precisamente rodeada y apoyada
en acaudalados empresarios e insignes magnates.
Podría pasar que aquellos que a contrapelo logran hacer alianzas
pueden abocarse a un resultado contraproducente: que los votantes se crean
desviados de sus aspiraciones y se alejan de la alianza.
Yo llevo un reconocimiento enorme hacia el pueblo panameño: más
de ciento setenta mil votos de ciudadanos que creyeron en nosotros. Este
honor no es solamente mío, se lo debo a mis compañeros de
nómina, a mi esposa, a mi familia, a mis amigos políticos
y personales, a todos aquellos que con fe nos dieron su dictamen. Y pregunto:
¿creen ustedes que esos votantes habrían cambiado su elección
a una voz de mando? Lo dudo. Porque fue un voto espontáneo de esperanza
y convicción; no de obligatoriedad.
Imponer que la mayoría cierre filas detrás de una candidatura
determinada se hace cuesta arriba si los que lo intentan siempre pretenden
que "la unión" sea en base de lo que ellos proponen.
En democracia deben existir y respetarse las opciones que los distintos
sectores anhelen postular. La clave es proponer buenas competencias nóminas
y apropiados y factibles programas para lograr convencer a los votantes
y conseguir su apoyo.
Sin embargo, es inconveniente aceptar como solución deseable,
repetida y constante, nóminas yalianzas con la justificación
única de impedir que otro, y en particular un grupo, sea el triunfador.
Llegaríamos al extremo de que algún día un candidato
diga: "Quiero la Presidencia y todos ustedes tienen que unirse detrás
de mí. ¿No se unen? Pues son traidores y culpables de que
yo pierda" ¿Sería esto democracia?
Reitero mi convicción de que debemos examinar, sin malquerencias
ni egoismos, cada candidato. Si hay uno más apto que otros, por el
debemos votar. Es democracia, -no así en férrea dictadura-
no es conveniente limitar la elección al propósito de impedir
el triunfo de otro candidato. Temo que esa actitud podría derivar
en que no haya barreras y en que todo sería justificable.
Y si se trata de la oposición,,, respetando la opinión
de los votantes, debo insistir en que lo indicado no es impedir, sino positivamente
votar por el mejor candidato, el más capaz de ofrecernos un buen
gobierno. Mi esposa Querube y yo votaremos por Alberto Vallarino. Invitamos
a nuestros amigos a que nos acompañen.

|