El proceso de paz en Oriente Medio sufrió esta semana un retroceso por la subida al poder del grupo terrorista HAMAS, en la Autoridad Nacional Palestina.
Durmiendo con el enemigo. Así deben pensar los israelíes al ver la sorprendente victoria de HAMAS en las elecciones parlamentarias.
Fundado en 1987 por el jeque integrista Ahmed Yasín, el denominado Movimiento de la Resistencia Islámica o HAMAS, encuentra su fuerza en los 3.7 millones de palestinos empobrecidos y decepcionados con los dirigentes del partido de Yasser Arafat, el Al-Fatah, que una vez fue el símbolo de la lucha árabe contra Israel.
HAMAS ahora formará gobierno en las regiones palestinas de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental, y todavía no se sabe si dejará atrás su consigna de la lucha eterna contra los judíos, para crear un Estado islámico.
La victoria de HAMAS es igual a imaginarse si la red terrorista Al-Qaeda triunfara en Irak o Pakistán y se hace del control del poder político. Semejante pesadilla sólo hace obligar a Israel a encerrarse en sus murallas y cerrar todo diálogo con los grupos radicales.
Los israelíes no olvidan que cientos de jóvenes palestinos del HAMAS se han convertido en bombas humanas y han explotado en medio de los bazares de Tel Aviv, Beer Sheva o Jerusalén.
El estancamiento del proceso de paz en Tierra Santa empeora cada minuto, pues ahora en marzo Israel debe ir a comicios y el líder ultraderechista Benjamín Netanyahu, del Likud, ahora esgrime la idea de aislar totalmente los Territorios Ocupados en Cisjordania. Este es el momento decisivo para la diplomacia. Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y Gran Bretaña, deben rápidamente presionar para encaminar el proceso de paz, antes que estalle otra guerra más en la región.