Miles de personas salieron ayer a las calles de Manila para presenciar el desfile de homenaje al boxeador Manny Pacquiao, considerado el ídolo nacional de Filipinas desde que el pasado fin de semana derrotara al mexicano Erik Morales.
Sobre un camión con varios guantes gigantes incrustados, y en el que ondeaban banderas filipinas, el púgil presidió un desfile de varias horas en las que estuvo flanqueado por el alcalde de Manila, José Atienza.
Tras una recepción y rueda de prensa en el ayuntamiento, Pacquiao se desplazó en compañía de sus padres y de su esposa, Jinky, al Palacio Presidencial de Malacañang para desayunar con la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo.
Acabada la entrevista, Pacquiao se embarcó en un largo y multitudinario desfile por Manila y la vecina Quezon City por cuya seguridad velaron unos 4.000 policías desplegados en todo el recorrido.
Pacquiao, un ex panadero de 27 años, se ha consolidado como un fenómeno de masas en Filipinas, país donde no abundan las figuras deportivas de elite, tras su victoria sobre Morales, la segunda vez en que ambos púgiles se veían las caras.