No hay realidad que se mueva sin un centro sobre el que gire, desde la llanta de una bicicleta al sistema solar, un sistema filosófico con una matriz de pensamientos, o un movimiento político con una definida doctrina, al igual que un país.
Pues usted igual, tiene un centro vital, un núcleo personal, una casa interior, una conciencia que no se apaga, un "yo superior", un ser misterioso permanente, una puerta de entrada a lo trascendente.
A eso lo llamamos el alma. Y este misterio interior define su identidad y le hace ser persona, siendo mucho más profundo esto que cualquiera de los roles que usted desempeñe en la vida.
Debemos mantenernos lo más posible en ese centro, concentrados en nuestra realidad íntima, en lo que constituye nuestro ser primordial. La desgracia nuestra, la de la humanidad es la de olvidarse de que tenemos un yo íntimo, superior, espiritual. De hecho estamos como diluidos, alienados, distraídos, absortos en lo circunstancial, en lo que es la periferia de la vida, como inmersos en un circo mental donde aparecen miles de fenómenos que nos mantienen atentos a lo que nos arrebata la paz.
Quiero que contemples tu misterio personal: eres un espíritu encarnado, fundamentado en un milagro de amor divino, con una interioridad que descansa en el Autor de nuestro ser, por lo que tu tarea espiritual es ilimitada en su quehacer. Me explico: Aunque somos seres creados, limitados en el espacio y en el tiempo, al comunicarnos por medio de nuestra alma con lo trascendente, entramos en el mundo de lo ilimitado, de lo infinito por el Ser que nos sostiene. Vamos creciendo interiormente.
Quiero que sepas que tu interioridad es extremadamente rica porque descansa en quien es Sabiduría y Amor infinito.
En nuestra Iglesia tenemos caminos diversos contemplativos donde benedictinos, franciscanos, jesuítas, neocatecúmenos, carismáticos y otros siguiendo a sus fundadores, proponen senderos diversos pero complementarios. Es cuestión de escoger. Reconoce pues que eres algo más que un cuerpo, pensamientos, dinero o un puesto, ; eres un ser espiritual que encamado en lo terreno busca al que es su origen, Dios nuestro Señor con quien superaremos cualquier adversidad, porque con El somos invencibles.