La edad de piedra terminó, pero no por eso se acabaron las piedras. Con el petróleo, pasará algo parecido. El fin de la angustia que vive el mundo por culpa de los primeros que domesticaron y controlaron los hidrocarburos (Standard Oil y Rockefeller), no la veremos ni usted ni yo. Pero es cosa de un par de quinquenios, en que los mismos controladores que se opusieron al carro eléctrico inventado por Nikola Tesla en 1922, cederán gracias a la escasez del petróleo y al descomunal mercado automotriz que se les abre con China, India y Pakistán. Véase el documental "The Money Masters".
Hoy día, existen 750 millones de autos quemando 75 millones de barriles diarios. El 80% de este oro negro, se gasta en transporte y de esta totalidad los Estados Unidos consumen el 25%, con la preocupación que sus reservas constituyen el 3% del planeta.
El fin de la era del petróleo lo determinarán China, Pakistán y la India. Todo indica que 3, 000 millones de seres humanos cuyas riquezas se cuadruplican cada 5 años, estarán urgidos de comprarse el primer "chunchito" de sus vidas. Estos tres colosos que por suerte mercan en inglés, estarán llenando sus nuevas autopistas con 2, 000 millones de vehículos, será entonces que los controladores con todos los cabos amarrados con el invento de Tesla, darán libertad para recargar baterías mediante un "chip" a cualquier distancia y en cualquier lugar, menos en odiosas gasolineras.
Las falacias como el biocombustible y el hidrógeno, se desinflarán dándole paso al potente y liviano automóvil eléctrico. Reconozco que, creí en el etanol pero leyendo los últimos ensayos de Fidel, líder que más sabe de cortar caña en el mundo, me convencí que sería regresar a la esclavitud. Tenía esperanzas en el hidrógeno, pero me analizaron sus costos y en el mejor de los escenarios un carro costaría un millón de dólares. Vemos pues que árabes, mexicanos y Chávez, serán convidados de piedra en este baile, que aunque parezca lo contrario, no controlan la rueda en el mundo del petróleo y sus derivados.