Las palmas de Corocita y la Real, desaparecidas en muchos lugares del país, fueron muy utilizadas en anteriores generaciones como parte de la alimentación de las personas en épocas de escasez de alimentos, igual que se les daba uso para destilar aceites y en algunos casos, como medicina.
Florentina Alfonso dijo que de ambas variedades de estas palmeras se destila y se sustrae aceite rojo y manteca negra del corozo o semilla que es parte de la floración de estas especies que usaban en otros tiempos y todavía algunas personas, para curar fuertes infecciones en la piel y quemaduras y otras enfermedades.
Las pencas de la Palma Real y la Corocita son utilizadas por nuestros campesinos para hacer los techos de las viviendas en reemplazo de las láminas de zinc o tejas.
Las casas o ranchos que tienen techo de pencas son relativamente frescos y tienen una duración entre ocho y doce años, si se toma en cuenta la fecha en que se cortan las palmeras.
Se conoció que las semillas de la Corocita y la Palma Real se cocinan y se les agrega miel de caña o de abeja y se obtiene un sabroso corozo que muchas personas lo comen como un dulce casero muy nutritivo y saludable.
Florentina Alfonso explicó que ambas especies de origen selvático están en riesgo de desaparecer porque las que hay están en los potreros y a pesar de que las autoridades de la Autoridad Nacional de Ambiente (ANAM) prohíban cortarlas, hay quienes las destruyen.
Cada año se cortan miles de estas palmas sin que hayan controles y se pueda sancionar a los responsables. No es fácil reemplazar esta especie, pues su semilla tarda varios años en nacer en la tierra.