El reto está servido, con dos jóvenes jugadores, el francés Jo-Wilfried Tsonga y el serbio Novak Djokovic luchando en su primera final del Abierto de Australia, a la búsqueda de su primer grande, con todo por ganar y en lo que se prevé el despertar de un nuevo orden en el tenis.
Tsonga, el jugador maltratado por las lesiones, que a comienzos de 2006 figuraba en el puesto 338 del mundo, es culpable en parte de este desorden organizado.
Sus victorias en estas dos semanas sobre tres grandes favoritos, el británico Andy Murray (9), su compatriota Richard Gasquet (8), el ruso Mijail Youznhy (14), y la más destacada, sobre el español Rafael Nadal (2), han puesto patas arriba el primer grande de la temporada.
Djokovic adelantó que jugará contra Tsonga de la misma forma en la que destruyó a Federer, aunque el francés abogó por las mismas intenciones, recordando la masacre que hizo con Nadal.