La vida del hombre es breve, agitada y penosa, especialmente en los actuales momentos. "No anheles impaciente el bien futuro, mira que ni el presente está seguro". Samaniego.
La ociosidad es la madre de todos los vicios, por eso la juventud está en crisis moral. A ti, hermano Antonio, imploramos tu atención y gracia. Tu regocijado Niño Jesús en tus brazos ayude a los jóvenes de toda nuestra querida y azotada tierra por la crisis moral, económica, social y religiosa, para que sepan vivir sanamente y desligados del influjo satánico. Pon en juego tus maravillosos milagros a fin de que ellos comprendan que tú eres uno de esos hombres que Dios mandó al mundo para salvar a la humanidad y beneficiar a la familia.
San Antonio, Señor de los Milagros, don otorgado por Jesús, permítame que todos los hijos de la Patria istmeña Panamá, conozcan tus maravillosos prodigios. De esos miles milagros citaré algunos:
El sacerdote grave de tifoidea le dijo al médico de cabecera: Doctor mañana es martes, consignado a San Antonio; el miércoles a San José. Venga usted el jueves y me hallará sano. Dicho y hecho se operó el milagro. Un novicio aburrido hurtó al santo su libro de los Salmos, trabajado con esmero y profunda fe. La alegría volvió al alma de Antonio cuando el hurtado le puso en la mano la joya de sus sueños. Ejemplo que enseña también que cuando alguien se ha robado algo lo regrese a su dueño.
Todos los santos de la Iglesia de Dios resplandecen por cualquier privilegio especial a favor de sus devotos. Se enriqueció San Antonio con un privilegio especialísimo: hallar las cosas perdidas. La aflicción y la alegría que siente uno al recuperar lo perdido, no tiene nombre.
Tenga presente, que San Antonio inspirado en el Evangelio abrazaba con ternura, besaba con amor y atendía a los enfermos llorando y con el corazón sensible ante tanto dolor y sufrimiento. San Antonio: Médico de los enfermos incurables.