Casi todos criticamos la corrupción, el amiguismo, el ventajismo y el juega vivo. Todos nos lamentamos de las prebendas de los diputados, de los escoltas del presidente de la Asamblea Nacional, de que puedan introducir autos de lujo al país sin pagar impuestos, de que algunos botellas cobran sin trabajar, y de todas las otras ventajas que un alto funcionario o alguien con influencia en el gobierno pueda tener.
Pero, ¿nos quejamos porque esto perjudica al país, o porque estas maravillas no nos tocan a nosotros?
Un ejemplo perfecto del doble estándar que muchos de nosotros aplicamos es aquella frase de "haz lo que digo, no lo que hago", que muchos malos padres recalcan a sus hijos.
Pero al final, nadie que envíe estos mensajes puede esperar que al final su hijo o hija les salgan hombres o mujeres de bien, porque si no practicamos lo que predicamos, nuestras palabras están vacías.
Sencillamente hablamos paja, dado que a final de cuentas, una acción vale más que mil palabras.
¿Entonces, qué significan estas quejas sobre las ventajas injustas que cierta cantidad de funcionarios disfrutan a costo del dinero de los contribuyentes?
¿Si nosotros llegamos a estas posiciones privilegiadas, renunciaríamos a ellas, o cerraríamos la boca para gozar de ellas?
Si vemos a nuestro alrededor, esta es la realidad de más de cuatro que hablan pestes sobre los demás.
Si vivimos nuestras vidas aplicando el doble estándar, esto nos define como unos "doble cara". Tan sencillo como eso.
Si es realmente por envidia que criticamos las ventajas injustas que otros tienen sobre nosotros, esto nos hace también unos mentirosos.