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La justicia desde la esquina del pueblo

James Aparicio | Periodista

Las reformas que se adelantan al Código Penal no parecen importarle al ciudadano común en la medida que los crímenes violentos se han convertido en la forma de expresión de los delincuentes.

Los asesinatos, ajustes de cuentas, guerras entre tumbadores de drogas y narcotraficantes, la acción de los pandilleros, los robos a mano armada, el hurto y la violación carnal son más que un suceso común de barrio pobre.

Si bien es cierto las cifras de los delitos han bajado considerablemente y la acción de la policía y los organismos de seguridad han aumentado, también es cierto que los criminales están atacando con mayor furia.

Los ciudadanos panameños quieren eficacia en la labor policial y de hecho hay un esfuerzo del Estado, el gobierno y las instituciones involucradas, pero también exigen condenas ejemplares y la mayor cantidad de años para los delincuentes, sobretodo aquellos que afectan el patrimonio personal y familiar o causan heridas graves o la muerte.

La certeza del castigo, la severidad de la pena es lo que reclaman los panameños.

Todo cambio en el código penal que permita a los delincuentes evadir la justicia o garantice penas ridículas a los menores asesinos, miembros de pandillas o rateros comunes.

Si las reformas al Código Penal lo que buscan es "limpiar las cárceles" para dar a entender que la justicia es eficaz y eficiente y no se dirigen a perseguir con severidad los delitos y a los delincuentes, serán sin temor a equivocaciones cambios para ir hacia atrás.

Sin violar los derechos humanos, respetando el derecho a la justa defensa e inclusive de inocencia hasta comprobar la culpabilidad, se tienen que aumentar las penas por cada delito cometido, eliminar el absurdo de sumar delitos como si se tratara de matemática escolar y eliminar una gran cantidad de medidas cauteleras que afectan a las víctimas y premian la victimario.

La sociedad no puede, bajo el argumento de la modernidad judicial, acoger a criminales bajo el manto de nuevas leyes.

El pueblo quiere castigos ejemplares. Si alguien roba que vaya a la cárcel y por mucho tiempo. Si se trata de un violador, asesino, narcotraficante o torturador, la cárcel no puede convertirse en un premio como ocurre con los menores delincuentes.



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